19 JULIO 1977, La poesía no estuvo callada

19 JULIO 1977, La poesía no estuvo callada

Por: Hildebrando Pérez Grande

En nuestro imaginario popular, el 19 de julio es una fecha no sólo inolvidable sino aleccionadora:  el pueblo combatiente, unido bajo una sola bandera y desafiando a la represión feroz, salió a las calles para luchar por los derechos laborales conquistados en innumerables batallas. La poesía no estuvo callada, escuchando su propia voz. Estuvo en su lugar, en primera línea. Prueba de ello es el poema de Hildebrando Pérez Grande, Premio de Poesía Casa de las Américas, 1978.

19  DE  JULIO

 

 Yo soy el río que viaja por las calles…

 

  Javier Heraud

 

 

Los viejos maestros dicen que nuestras vidas son los ríos interminables

 

Que pasando permanecen como un espejo encendido. Dones de la sabiduría

 

O el acaso, lo cierto es que en más de una ocasión brota el río

 

Como una rosa encarnada, es decir, las mieses y el mercurio de la vida.

 

Ríos que desbordan cualquier mapa como el Amazonas, bayetas

 

De cristal que relampaguean a orillas del Mantaro, piedras

 

Eternas que hablan por los hijos del sol sobre el pecho del Urubamba,

 

Y qué decir del Rímac sórdido y triste y luminoso en las manos de Humareda.

 

Pero ninguno nos conmueve tanto como el río que bramando baja

 

Por las calles, halando obreros, campesinos, mineros, maestros,

 

Mujeres y niños en Marcha hacia el Palacio de Gobierno, que es el morir.

 

Que es el morir de una clase que aún detenta el poder de matar

 

Nuestras ilusiones (para qué hablar ya de los overoles mustios,

 

El horario corrido, el trigo sin cortar, la historia pisoteada).

 

La Unidad de Servicios Especiales procura en vano contener,

 

Dispersar aquel río que corre echando chispas a los cuatro vientos:

 

Llorando, amando, cantando, gritando libertad, despedidos reposición.

 

Río de gritos que se prenden y se apagan como avisos luminosos. Río

 

Incontenible que arrasa charreteras, tanquetas, material deleznable,

 

Pips, aguas servidas, orden de allanamiento, fuegos fatuos, perdigones.

 

(Por un recodo de La Victoria, el río acrecienta su metal de torbellino

 

Insurrecto. Y recordamos que hay ríos apacibles, sencillos como los pueblos

 

Que brillan en nuestras serranías; mientras con dolor contemplamos

 

El río de nuestros muertos, nuestros heridos, nuestros presos).

 

Ríos que nacen en el Parque Universitario, en la Plaza Dos

 

De Mayo, o no lejos de la María Angola en el Cuzco. Ríos que renacen

 

Con bravura en alguna calle harapienta de Villa El Salvador. Ríos de manos

 

Cuarteadas que incendian la noche que agoniza en los arenales de Comas.

 

Ríos de pan, de no hay vacante, de azúcar, de vuelva usted mañana,

 

De mi hijo se muere doctor, de pompas de jabón. Ríos

 

Profundos, enmielados, transparentes, ensangrentados, libres.

 

 

 

Los viejos maestros dicen que muchas veces un río se quiebra como una

 

rama seca,

 

O se abre como una mujer enamorada o se cierra en línea recta como la mira

 

de un fusil.

 

Pero lo cierto es que el río de los pobres siempre corre buscando

 

La Unidad, la tierra fértil, el rumor de la palabra compañero.

 

Ser una gota de aquel río planetario es nuestro más caro, humilde deseo.

 

 

(En: “Casa de las Américas”. La Habana, Enero-Febrero, No. 124,   1981, pps. 120-121).

 

 

 

1 Comment

  • Adolfo Granadino F.
    23 julio, 2019

    Conmovedor, auténtico, se anida rápidamente en el corazón, se entona achoradamente como canción de barrio peligroso y rebelde; se vuelve himno de los pueblos…hace palidecer a la patronal estúpida y hueca.

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