Cambiar todo para que nada cambie

Cambiar todo para que nada cambie

Por Vicente Otta R.
La casa gana señores
Reducido el proceso electoral a destapar escándalos y buscar impresentables entre los candidatos, lo mas rescatable de las anécdotas ha sido la eliminación de Mulder-APRA y Rosa Bartra-SN, del próximo circo electoral.
La inesperada presencia del Frepap como segunda fuerza electoral, la emergencia de UPP vientre de alquiler de Antauro, y Urresti como congresista más votado en Lima, son factores de bizarría que abren expectativas sobre un panorama con márgenes de imprevisibilidad.
Si hay que elegir al ganador sin duda es el presidente Vizcarra. Ha eliminado a las fuerzas que buscaban su salida, desarmado a la oposición y puede, tranquilamente, coronar su periodo presidencial si rompe en algo con la marcada ineficacia de su gestión. Entre las pugnas y censura del congreso y la realización de las elecciones, ha gozado de 4 meses de tranquila luna de miel. Tanto así que hasta el desastroso desempeño económico, 2.2% de PBI del año 2019, ha pasado piola.
El presidente ha gozado de la compañía de la diosa fortuna hasta el momento. Si no se presentan inundaciones y problemas mayores, en el norte sin reconstrucción, el resultado del último año político le saldrá redondo. Pero todo puede suceder hasta el fin del periodo lluvioso.
Quien manda a quien Lo que hay que poner en reflector a pesar de tantas imágenes distractivas es la cuestión constitucional, por que éste era y es el tema de fondo de la crisis política del país en los últimos años. Que la purulencia llegue hasta la punta de la nariz no es consecuencia solamente de la existencia de la mafia de cuellos blancos, de costras corruptas en el Congreso o del desborde de un galopante narcotráfico. Todo esto existe pero acunado y alimentado por la Constitución de 1993, que es la madre de toda la podredumbre y corrupción. Ella está expresamente destinada a ningunear la política y empoderar al mercado, por eso quien gobierna el país desde hace 20 años es el MEF y el BCR. Los presidentes y gabinetes, desde Fujimori hasta la actualidad, firman las decisiones que se toman en estas dos instancias del verdadero poder.
Sustenta un modelo económico que renuncia a promover el desarrollo productivo, el fortalecimiento del mercado interno,  castiga las políticas sociales y laborales; mientras incentiva actividades extractivas depredadoras ambientalmente y socialmente indolentes. En tanto involuciona el raquítico proceso descentralista, y renuncia al ejercicio del poder judicial nacional para tratar situaciones contenciosas con empresas extranjeras. Haciendo de la soberanía nacional una expresión nominal mientras se subordina completamente a los designios de la política estadounidense, especialmente en política exterior.
Todo esto y mucho más está contenido en la Constitución del 93, que Vizcarra protege y defiende como nadie.
¿Crisis entre ejecutivo y legislativo o crisis de règimen?    La miopía de los núcleos izquierdistas es proverbial, se niegan a reconocer que lo que caracteriza al actual periodo político es la crisis  del actual règimen constitucional. Las potentes movilizaciones producidas en Ecuador y Chile el año pasado, son todas tensiones alrededor de lo constituyente.
El estéril y desgastante conflicto entre el ejecutivo y el legislativo que ha copado la escena política los 20 meses últimos, expresa ante todo el agotamiento de la constitución vigente. Ambas facciones que pelean a “muerte” el control del estado no son sino caras de la misma moneda neoliberal. Una más corrupta y vinculada al narcotráfico que la otra, más articulada y supeditada a las ordenes directas del Departamento de Estado USA. Lo que Podemos calificar como contradicciones entre facciones de la burguesía compradora. Siempre bajo el manto del actual modelo neoliberal consagrado por la constitución de 1993.
Salir de este modelo implica el cambio de la constitución antinacional de 1993, lo cual significa modificar la actual correlación de fuerzas establecida por el fujimorismo, que en la Guerra sucia contra el terrorismo barrió con las organización social popular y las libertades democráticas, en tanto que SL liquidaba a buena parte de la dirección izquierdista y popular.
El actual páramo que reina en la organización del mundo social-popular es consecuencia de este periodo y de una recomposición de núcleos progresistas totalmente sometidos al parlamentarismo y los límites que establece el Sistema. Ni se imaginan que este límite puede romperse o violentarse. Es nuestra mayor tragedia. El síndrome de Estocolmo en versión nacional.
Celebrar el bicentenario con una nueva constitución
El cierre del Congreso y el llamado a Que se vayan todos, era el momento de ampliar la lucha democrática, de cuestionar la insoportable constitución del 93 y abrir un proceso constituyente que podría llegar al bicentenario con una nueva constitución o en pugna radical para cambiarla.
Nada de eso ha sucedido ni sucederá en el corto plazo. Anémicos y desubicados grupos de izquierda, acompañados y abrumados por grupos mafiosos y la burguesía compradora, deambularán por un congreso de pacotilla y harán honor al hall de los Pasos Perdidos, donde permanecerán los 18 meses de vida muelle de su existencia, mientras se preparan a los desfiles y ceremonias de un bicentenario que celebra un Estado criollo, señorial y oligárquico, que 200 años después sigue de espaldas al país y protegiendo el saqueo de las riquezas y la explotación de la inmensa mayoría.
Es el bicentenario que políticos corruptos y entreguistas y timoratos izquierdistas buscan celebrar desde el congreso, compartiendo la gestión ineficaz y antipopular de un gobierno que, desde un falso provincianismo, defiende la constitución de 1993, que es el que alimenta y exacerba la violencia, criminalidad y deshumanización de una sociedad que se halla entrampada en una nefasta política neoliberal.
Sin ver que la emergencia de grupos como el pescadito y la presencia de partidos como UPP (Antauro, su candidato presidencial el 2021) expresan el descontento, el hartazgo de la gente, ya cansada de los partidos y candidatos tradicionales. Ahora hasta los grupos de izquierda empìezan a ser vistos como parte de la fauna tradicional.

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