Vieja crónica y mal gobierno, Historia del Perú para descontentos

Vieja crónica y mal gobierno, Historia del Perú para descontentos

Palabras iniciales

Héctor Béjar, www.hectorbejar.comwww.hectorbejarrivera.com,
https://www.facebook.com/hector.bejarrivera

Descargar aqui:PALABRAS INICIALES
Ver Video de H. Béjar comentando su libro: Descontentos, uníos

No pretendo ser académico. Esta es solo una propuesta de discusión para entrar al fondo de nuestros problemas. Un testimonio, un punto de vista personal. Una gran hipótesis que iré demostrando o corrigiendo en el futuro inmediato.

 

Palabras iniciales

Sostengo que no estamos bien. Podemos estar caminando, inconscientemente, hacia la destrucción de nuestro país. Y sostengo también que eso es consecuencia de cómo vemos el mundo y cómo nos vemos a nosotros. Porque somos lo que pensamos. Y pensamos de acuerdo a cómo creemos que son nuestros orígenes y nuestra historia. Y en la medida en que tengamos una información errónea, tendremos una conciencia falsa. Y una conciencia falsa es como los cimientos de barro sobre los que nada se puede edificar.

 

Somos un gran rebaño sin norte que se ocupa de sobrevivir y comer mientras sus conductores se concentran en sus negocios frecuentemente turbios e ilegales. Conquistamos, es decir, depredamos y destruimos el ambiente donde vivimos. Y estamos pervirtiendo, corrompiendo, destruyendo a nuestra propia gente.

 

Este libro trata de dar la información que he podido recoger sobre nuestros orígenes y nuestra vida como país y sociedad, procedente de investigadores serios de Argentina, Chile, Colombia, Bolivia, Brasil y el Perú que voy citando a lo largo del texto, además de numerosos estudiosos europeos. Pretende una versión distinta a la que dan los colegios y universidades que repiten lo que han ido inventado a lo largo de años, los enemigos del Perú, que somos buena parte de los propios peruanos.

Todo esto es, por supuesto, discutible y puede ser cuestionado. Una discusión que tenga por objetivo trazar nuevos horizontes hacia la construcción, no hacia la destrucción que ya nos rodea y carcome.

 

De un punto inicial debemos tener conciencia. Vivimos en un territorio cuyos seres humanos tienen quince mil años de antigüedad. Sabemos por los dudosos testimonios escritos de los cronistas castellanos, lo que habría pasado hace apenas 500 años y el resto por historiadores parcializados o atemorizados por el sistema. Los cinco mil años anteriores los suponemos con los arqueólogos. Y hasta ahí llegamos. ¿Qué son los quinientos años de testimonios escritos comparados con los quince mil de vida humana en estas tierras? Mientras Babilonia dejó su código de Hamurabi, los babilonios, egipcios, chinos y los indios se remontaron por lo menos hasta antes de los dos mil años antes de Cristo, nosotros asumimos solo quinientos años, como si de cincuenta años de vida solo recordásemos cinco meses. No sabemos cómo se construyó Machu Picchu, por qué trazaron las líneas de Nazca, qué significaban los quipus, cómo era realmente el arte, cómo fue la ciencia del lejano pasado, porque los sabios indígenas callaron o fueron asesinados; y fueron destruidas las obras de arte precolombinas para fundirlas y llevarse el oro a la península, en un inmenso crimen por el cual hasta ahora los descendientes de los criminales no han pedido perdón. No destruyeron solo nuestros edificios, palacios, sino nuestra alma y nos impusieron un alma postiza que todavía soportamos. Somos un país con Alzheimer, perdimos la memoria. Y además, detestamos el pasado indígena y adoramos oficialmente el legado colonial o la visión criolla y poscolonial del inmenso pasado precolombino.

 

invasion española, genocidioQuiero explicarme y explicar qué pasó desde el gigantesco genocidio y ecocidio que llamamos conquista. Develo los crímenes de Isabel y Colón, la degeneración de los Austrias y Borbones, las luchas sin descanso de los oprimidos indígenas, la gran traición que ha significado la república criolla, los proyectos revolucionarios que los depredadores sofocaron y escondieron. Se dirá que así es la Historia, con H mayúscula. No acepto esa posición porque de allí nace la aceptación de todos los abusos posteriores que todavía hoy nos oprimen y corrompen. No acepto el centralismo europeo y norteamericano que todavía perdura y pretendo que este relato sea un testimonio más de los muchos que en estos tiempos están rompiendo el hielo y el hierro de la opresión. Quizá todavía estemos a tiempo de evitar el desastre ecológico del país que habitamos, de impedir la arremetida explotadora y de abrir un horizonte distinto de lucha por nosotros y construcción de una realidad nueva y justa.

 

 

Los mitos europeos que aceptamos

Transcripción parcial del segundo capítulo del libro.

 

 

Cada pueblo se imagina que es el centro del universo. En la carencia de una visión totalizadora del planeta cree que todo está a su alrededor. En eso, los occidentales no son originales. Son tan bárbaros como los bosquimanos, los hunos, los sármatas y todos los pueblos que se creyeron el centro del mundo. Pero sucede que somos un planeta esférico. Lo «occidental» señala una ubicación que puede pertenecer a cualquier pueblo con referencia a otros pueblos. En un planeta esférico, cada región tiene su propio occidente y oriente, norte y sur. Los árabes son los occidentales de los chinos. Los chinos, los japoneses, los indonesios, son nuestros occidentales, no los europeos. La mayor parte de África está en el hemisferio norte, al norte de la línea ecuatorial, no en el sur. En el siglo XX la teoría de la dependencia habló del norte rico y el sur pobre. En el siglo XXI, el norte no pertenece exclusivamente a los ricos, el sur ya no es exclusivo de los pobres.  Muchos pueblos del sur han empezado a ser ricos mientras el norte exhibe cada vez más grandes islas de pobreza.

El planeta tiene en realidad, muchos centros, muchos orientes y occidentes. Es esférico y sus habitantes somos multicéntricos. Esto  puede parecer una banalidad, pero pensar en la Europa centro o Europa como un lugar más entre otros lugares tiene consecuencias decisivas para nuestras múltiples identidades.

Aquí acogemos el planteamiento de Wallerstein: si bien es cierto que el sistema capitalista es una economía – mundo, en la historia humana han existido muchas economías – mundo y muchos imperios – mundo[1]. Lo cierto es que la Europa preimperialista fue apenas un rincón apartado de un mundo subdesarrollado que en aquella época, la formación del primer capitalismo, tuvo otros centros de otros sistemas mundo avanzados: Tenochtitlán, Cusco, Pekín, Bizancio, Damasco, Bagdad fueron centros de constelaciones económicas y culturales diversas. Es muy probable que la América pre colombina haya sido una economía – mundo con características para las cuales no son totalmente funcionales las categorías europeas de análisis.

 

 

La Europa europea no existe

Europa fue una joven fenicia raptada por Zeus en una playa del Asia menor, y este mito refleja sus orígenes asiáticos que fueron     completados después por el aporte «bárbaro». Casi todo lo europeo viene de otra parte: la escritura viene de Sumeria y Egipto, el monoteísmo de Judea, la pólvora de China, el dinero es mongol, el álgebra de Arabia, las patatas de América, los fideos de China, la filosofía de Grecia. Se puede argumentar que el derecho es romano pero la propia Roma viene, nuevamente, de Grecia. A su vez, Grecia es heterogénea y Roma es griega y hebraica. Son culturas  complejas porque complejo es el ser de la cultura. Europa es asiática, bizantina, árabe.

Pero entonces ¿dónde está el plus propiamente europeo? ¿Cómo fue que los europeos pudieron construir el mito de la Europa centro y la Europa universal? Europa creó el mito del individuo y con él su manía de acumulación. La justificación del egoísmo individual se realizó usando  la estratagema de la pureza que ya fue usada por otros pueblos (cada pueblo pretende ser puro, central y superior). La suma dinámica de los colores, mediante el movimiento,  se convierte en blanco y puro. La primariedad, la pureza, es una ficción creada por el observador. Así como el color blanco no existe, lo puro es, como se verá más adelante, siempre un mito construido como instrumento para afirmarse, a la vez que para crear y justificar el poder sobre los otros. No hay hombres blancos sino rosados o morenos, pero el mito del «hombre blanco» aventurero, individualista y dominador se expandió por todo el mundo. Hoy, cuando las mujeres europeas tienen cada vez menos hijos y los migrantes más, lo puro es igual a la muerte, a la extinción. Quien quiera conservarse puro, degenerará primero como consecuencia de la endogamia y después desaparecerá. La conquista, la Inquisición, lo colonial, son antimestizajes realizados en nombre de la homogeneidad y la pureza. En realidad Europa es, al mismo tiempo, heterogénea, policéntrica, multicultural, mestiza, cosmopolita[2]. Necesita retornar al mundo para que la refecunde.

Además de portar componentes culturales de su respectivo Oriente sin los cuales Occidente sería imposible, los supuestos «blancos» europeos que elaboraron mitos sobre un presunto puro origen sajón, galo, germano o ario, desde el Rey Arturo hasta las valkirias, fueron mestizos (mezclados) desde su mismo nacimiento. No es lo puro sino lo mestizo, aquello que crea civilizaciones.

América no tuvo Edad Media

 

Se dice que la Europa moderna es la etapa superior de un proceso evolutivo que tiene una edad antigua y otra media. El término Edad Media fue creado por el historiador Flavio Biondo de Forli, en su obra Historiarum ab inclinatione romanorun imperii decades (Décadas de historia desde la decadencia del Imperio romano), publicada en 1438.

Asumiendo esa división convencional, se ha dado en llamar Edad Media al período de la historia europea que transcurrió desde la desintegración del denominado imperio romano de Occidente, en el siglo V de la era cristiana, hasta la llegada de los europeos al continente americano al terminar el siglo XV.

Sin embargo, lo que para los europeos podía ser Edad Media, no lo era para los asiáticos y menos debe serlo para los americanos. Cuando empezó la formación de la denominada Europa Occidental,  había transcurrido mil años desde Confucio; y China no estaba en ninguna edad media sino que había alcanzado su pleno desarrollo. En América, las culturas Olmeca, Sechín Bajo y Caral – Supe  se remontan a 2,500 años AC, la agricultura mesoamericana empieza entre 8,000 y 10,000 años AC. Cholula, Teotihuacán, Tikal y Chalacmul fueron ciudades mayas cosmopolitas y multiétnicas ya en el año 600. Tenochtitlán[3] es del siglo XIV. ¿Cómo se puede pensar en una «antigüedad» de miles de años y una «edad media» de menos de mil? ¿Y en dónde están las fronteras cronológicas que separan una de la otra?

El problema que surge de esta falsa consideración «media» es que si esta terminología es aceptada, como lo ha sido hasta el momento, lo medio europeo resulta anunciando un estadio superior que ubica a lo europeo en la cumbre de la evolución mundial. Cuando los americanos asimilamos esta periodificación a nuestra historia acabamos formando parte de la Edad Media europea y nuestras civilizaciones son asimiladas a un estadio inferior. Las civilizaciones americanas resultan siendo así anteriores a algo superior que no produjeron sino que les llegó de afuera. Lo superior sería lo «occidental» moderno y posmoderno, lo pre  (precolombino, precapitalista, premoderno) que recibe pasivamente el cruento aporte del exterior.

Esta idea está atada a la tesis evolucionista[4]: de lo simple a lo complejo en biología, de la poligamia a la monogamia en la familia (Morgan), del panteísmo al monoteísmo en la religión, del salvajismo a la civilización pasando por la barbarie en la sociedad, de la dictadura a la democracia en la política, del oscurantismo a la ilustración en la cultura. Todas las civilizaciones transitarían por el esclavismo, el feudalismo, el capitalismo, así como la evolución animal desde los protozoarios culmina en el ser humano. Los socialistas añaden que la evolución humana culminará en el socialismo[5].

La palabra evolución para describir los cambios biológicos fue aplicada por vez primera en el siglo XVIII por Charles Bonnet en su libro Consideration sur les corps organisés y después por el francés Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) quien se detuvo especialmente en el tema de la trasmisión de características determinadas a través de las generaciones de seres vivos. El evolucionismo como creencia en un antecedente común de todos los seres vivos antecedió a Darwin pero se detuvo en el tema biológico. La fijación de una etapa de la historia como media, es decir aquella que existe entre una inferior y otra superior, es una traspolación del evolucionismo biológico al histórico y social. En sus conclusiones, Darwin se limitó a relacionar la capacidad de adaptación al medio externo que observó en los seres vivos, con la herencia. Detectó modificaciones que se trasmiten con la herencia y van dando lugar a especies o ramificaciones distintas de lo que podría ser un solo árbol de la vida. No dijo que hay especies inferiores y superiores ni etapas de la historia humana inferiores y superiores.

Fue la filosofía evolucionista de Herbert Spencer la que consideró la evolución natural como clave de toda la realidad social. Spencer afirmó teóricamente la superioridad que los europeos sentían desde la aparición de la modernidad. Desde entonces los mitos occidentales afirman que las sociedades, al igual que las especies, evolucionan de lo simple a lo complejo y de lo peor a lo mejor. Lo más antiguo sería lo más simple, subestimable por primitivo, aquella edad en que vivían los bosquimanos, los taínos, los patagones o los guaranís. Dentro de esa evolución hay etapas atrasadas, avanzadas y medias. La Edad Moderna de la que nació la Europa imperial que conquistó América habría nacido de la superación de la Edad Media según esta teoría.

Fue una falsa lectura de la idea primera de Darwin, seguida por la filosofía positivista de Herbert Spencer[6], una distorsión del marxismo de Engels[7] y toda esta distorsión se expresó a su tiempo, en la teoría de la modernización de Walt Whitman Rostow que asimilaba el bienestar al progreso y éste a la sociedad de consumo de masas. Tanto la visión positivista del marxismo como el evolucionismo capitalista de Rostow hicieron de la evolución una consecuencia directa de la economía.

En realidad se trataba de evoluciones  e involuciones diferentes en Europa, Asia, América, Arabia, la India. Avances en algunos órdenes, destrucción y retrocesos en otros. Fenómenos distintos que precisaban de una comprensión que sólo podía surgir de la falta de prejuicios, la eliminación de complejos de superioridad y el uso de categorías de análisis diferentes.

En su Decadencia de Occidente, Oswald Spengler sostuvo que Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna,

es el esquema increíblemente mezquino y falto de sentido cuyo absoluto dominio sobre nuestra mentalidad histórica nos ha impedido una y otra vez comprender exactamente la posición verdadera de este trozo de universo que desde la época de los emperadores alemanes se ha desarrollado sobre el suelo de la Europa occidental…Nosotros, hombres de la cultura europea occidental, con nuestro sentido histórico, somos la excepción y no la regla. La historia occidental es nuestra imagen de mundo, no la imagen de la humanidad [8].

El mismo Spengler fue quien sostuvo además que

 

en lugar de una monótona imagen de una historia universal en línea recta, que solo se mantiene porque cerramos los ojos ante el número abrumador de los hechos, veo yo el fenómeno de múltiples culturas poderosas que florecen con cósmico vigor en el seno de una tierra madre, a la que cada una de ellas está unida por todo el curso de su existencia[9].

 

La sociedad precolombina fue sofisticada y compleja

Se dice que las sociedades anteriores a la occidental fueron simples mientras que la occidental es compleja. Lo dijo Durkheim en su tesis doctoral sobre La división del trabajo social. Lo reafirmó Weber al distinguir entre comunidad y sociedad. La complejidad estaría dada por las funciones que son asumidas por componentes especializados diferentes. Una vez más: a mayor complejidad, mayor superioridad. Si la sociedad moderna fue funcional, la medieval fue estamental. Los chinos, indios y árabes fueron estamentales, sólo los occidentales son funcionales. La denominada «modernidad» por los filósofos y sociólogos se caracterizará según Spencer y Durkheim, por la aparición de funciones cada vez más separadas, segmentadas y complejas; y de acuerdo con la concepción positivista del progreso, la complejidad de las funciones caracteriza a las sociedades superiores. Esta concepción parte de una traspolación de la biología a la sociedad. Así como las células se reproducen y diversifican para producir organismos complejos, lo mismo sucedería con las sociedades. En las etapas estamentales las funciones son escasas. Señores grandes y pequeños, siervos y esclavos. Se nacía y moría en un estamento prefijado por el nacimiento. En los niveles superiores había funciones distintas: aquellos que oran y los que hacen la guerra.  Los señores oraban cuando se dedicaban al sacerdocio o mataban o morían en combate cuando hacían la guerra como «nobles»: matar en la guerra, es decir por mandato real, era una forma de adquirir un título nobiliario con los privilegios que lo caracterizaban. Los siervos y esclavos trabajaban, aunque también iban a la guerra detrás de sus señores, como escuderos, caballerizos y peones, cuando era necesario, pero nunca como caballeros (montando caballos y protegiéndose con armaduras). Los señores tenían privilegios distintos según su condición. La posesión de gente, es decir de la fuerza de trabajo en la agricultura, era la base de la riqueza. La propiedad de la tierra, el uso de las armas, la posesión de conocimientos o el monopolio de las llaves para subir al cielo, eran la base del poder. Pero los siervos no disponían de ninguno de estos elementos; eran pobres no solo porque debían entregar trabajo y productos a cambio de la protección de quienes tenían armas sino porque no poseían tierra,  conocimientos ni armas, ninguno de los elementos que generaban poder. Y, sin embargo, eran la base del sistema porque su pertenencia a la tierra era sinónimo de estabilidad en medio de las guerras, invasiones y conquistas.

[1]           Con Braudel, considero que las economías mundo son estructuras orgánicas que tienen vida, con un comienzo y un fin. Por lo tanto, tienen que haber existido múltiples economías– mundo  (y por supuesto múltiples imperios– mundo) en la historia de la humanidad. Wallerstein Im-manuel. Las incertidumbres del saber. Barcelona: Gedisa editorial, 2005. 180 págs. Pág. 80.

 

[2]           LAPLANTINE Francois, NOUSS Alexis. Mestizajes de Arcimboldo a Zombi. México DF: Fondo de Cultura Económica. 782 págs. Pág. 295.

[3]           Los cronistas calcularon en sesenta mil las embarcaciones que circulaban en Tenochtitlán a la llegada de los españoles. La ciudad tenía letrinas, a diferencia de las ciudades europeas de la época, un sistema de circulación de agua dulce y los aztecas se bañaban al menos dos veces al día. Había sesenta mil personas comprando y vendiendo los días de fiesta en el mercado que era dos veces más grande que el de Sevilla. Las calles eran de tierra apisonada. Los excremen-tos eran recogidos y usados como fertilizantes. La orina era recolectada y usada en la confección de telas. La basura se incineraba en hogueras que iluminaban las calles en las noches. SOUSTELLE Jacques. La vida privada de los aztecas en vísperas de la conquista. México DF: Fondo de Cultura Económica, 1970.

[4]           Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y a veces variables condiciones de la vida, tendrá mayor posibilidad de sobrevivir y, de ser así, será na-turalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad selecciona-da tenderá a propagar su nueva y modificada forma. Famosa formulación de Darwin en El origen de las especies mediante la selección natural o la consrvación de las razas favorecidas en la lucha por la vida.

[5]           En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política, y a la que corresponden determinadas formas de con-ciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida so-cial, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determi-nada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradic-ción con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han. desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. MARX, Carlos. Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política.

 

[6]           SPENCER, Herbert. Scientific, Political and Speculative Essays.

[7]           Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determi-nante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta —las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas— ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma.

El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, teníamos que subrayar este principio cardinal que se negaba, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los demás factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones.

Carta de Federico Engels a Joseph Bloch, 1890.

 

[8]           SPENGLER, Oswald. La decadencia de Occidente, bosquejo de una morfología de la historia universal. Madrid: Calpe 1925, Tomo I, pág 28.

[9]           SPENGLER, Oswald. Ob. Cit. Tomo I, pág 38.

VERSIÓN PARA IMPRIMIR: Palabras iniciales

Ver Video de H. Béjar comentando su libro: Descontentos, uníos

Escribe un Comentario