EL MUNDO AL COMENZAR EL 2020

EL MUNDO AL COMENZAR EL 2020

Por Héctor Béjar

China continúa organizando la Ruta de la Seda para unir comercialmente Asia con el Medio Oriente y Europa. Sigue siendo la fábrica del planeta, avanza hacia el fortalecimiento y ampliación de su mercado interno e ingresa a la tecnología de punta. A pesar de los obstáculos puestos por la administración Trump, la presencia económica china en los Estados Unidos es inseparable, irreversible y cada vez más hegemónica.

 

Recuperada su dignidad nacional, Rusia se une con China en un proyecto de largo plazo para la provisión de gas y petróleo y un desarrollo conjunto. Ambas potencias, convertidas en Eurasia, van convirtiéndose en el centro del mundo.

 

A pesar de los cambios políticos a la derecha en Brasil e India, el sostenido crecimiento de los países del BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica), por su propia inercia, hará que sobrepasen al final del siglo a las potencias capitalistas clásicas, si algo contrario no sucede en el camino.

 

En el caso de Rusia y China se trata de nuevos sistemas económicos difíciles de clasificar con los criterios de capitalismo o socialismo, que afirman la soberanía nacional y proyectan las sociedades hacia el desarrollo tecnológico sin abandonar las metas sociales. Combinan la dinámica capitalista con metas humanas próximas al socialismo.

 

También a pesar de la irritada oposición norteamericana, Alemania será provista de gas también por Rusia mediante un gasoducto que pasa por el Mediterráneo. Será el otro terminal de la red energética rusa. Por un extremo China, por otro Alemania.

 

La ruta de la seda y los gasoductos rusos son proyectos de dimensión planetaria que comprometen a regiones enteras. El mundo avanza hacia una nueva regionalización económica y comercial que cuestiona el clásico ordenamiento capitalista y la división internacional del trabajo que viene de los siglos XIX y XX.

 

El complejo militar petrolero y sus operadores políticos de ultraderecha han perdido la iniciativa en los Estados Unidos. Ganaron las elecciones, se sostienen en el poder ejecutivo, pero están estancados o perdiendo la carrera económica en el mundo. Sus maniobras son reactivas, defensivas y militares, y están destinadas a mantener su influencia mediante una febril actividad intervencionista que ya está desprestigiada y es ilegítima. Están empantanados en Siria, Libia, Afganistán e Irak, sin opción frente a Irán, han perdido la adhesión de Turquía y están limitados por el peligro de una guerra nuclear frente a Rusia y Corea del Norte, que alcanzaría su territorio por primera vez en su historia. Deben mantener económicamente a la OTAN, sus gobiernos títeres y su cada vez más costoso e inoperante circuito de bases militares alrededor del mundo. El hecho de que los grupos más retardatarios y primitivos hayan podido capturar el gobierno con Trump es una expresión política de la irremediable decadencia económica, cultural y moral de la otrora primera potencia del planeta.

 

Atrapada entre el neoliberalismo, una gastada socialdemocracia ya anciana y una derecha neofascista, Europa ha detenido su proyecto de integración y justicia social nacido de la posguerra y empieza a desmantelar su política social ocasionando una rebelión sindical y popular en la Francia de Macron, el retorno de moderadas izquierdas en España y Portugal, la rebelión de Italia, el desagrado y la incertidumbre en otros países. Los estados europeos están sobre endeudados y el Estado del Bienestar está paralizado o es desmantelado. En Alemania, está agotado el largo ciclo conservador de la señora Merkel que solo podría continuar mediante una eventual coalición con los socialdemócratas. La elección de Boris Johnson y el Brexit han reabierto las brechas y diferencias de Inglaterra con Escocia y la República de Irlanda. En una probable restauración de la alianza económica y étnica anglosajona de Gran Bretaña y los Estados Unidos, la primera llevará la peor parte. Será un gran negocio para los ricos ingleses pero un negocio pésimo para el pueblo británico.

 

En todos los países de Europa, especialmente en Europa del Este, gana terreno una derecha neofascista que se alimenta de la pobreza, el desempleo y el descontento de los pobres que han sido marginados de los supuestos beneficios del mercado, que nunca llegaron. Los pueblos de Europa Oriental y Alemania del Este, salieron del mundo socialista burocrático y entraron al del capitalismo salvaje sin ser aceptados plenamente por la Europa Occidental que sigue creyéndose superior y mantiene sus viejos prejuicios contra el Oriente polaco, húngaro, rumano o eslavo. Promovieron la caída del campo socialista y ahora tienen que enfrentar a olas de migrantes del este que tocan las puertas de Occidente sin obtener respuesta positiva. Los europeos orientales son socios de segunda clase en la Europa capitalista.

 

La mega riqueza se sigue concentrando en muy pocas manos. Hundido en frecuentes casos de corrupción, el capitalismo del siglo XXI no se alimenta de la plusvalía sino de la especulación, ya no juega solo con títulos de la bolsa sino con derivados de las acciones, es decir, con suposiciones de lo que se puede ganar con dudosas operaciones en el futuro. Es un capitalismo parasitario que no vive de la producción, sino de la renta de algo que solo existe en la imaginación de sus promotores. Pero, a la vez, en la incertidumbre creada por su propio juego especulativo, busca la seguridad y retorna a la propiedad de la tierra, de los metales preciosos como el oro y a la propiedad inmobiliaria en las ciudades y los campos del mundo. Una pequeña casta invisible y todopoderosa se está comprando en secreto y por diversos medios, ciudades y países enteros.

 

Aparecen nuevas megaempresas globales que controlan directa y totalmente la vida cotidiana, conocen los gustos de los consumidores, son dueñas del entretenimiento, de las aficiones y vicios de millones de seres que nunca llegaron a la ciudadanía y ahora son solo consumidores alienados. Amazon ha vendido al departamento de defensa de los Estados Unidos su tecnología de reconocimiento facial que permite identificar a los individuos en medio de las multitudes. Visa sabe qué comemos y compramos, qué regalamos. Google sabe qué leemos y pensamos. Uber cómo y de dónde a dónde viajamos.

 

Google tiene 60,000 empleados y tuvo 130,000 millones de dólares de ingresos en 2018. Amazon tiene 54,000 millones de dólares en activos, 613,000 empleados y 10,000 millones de beneficios anuales. Uber trabaja en 230 ciudades de 50 países y sigue expandiéndose. Las empresas que se han apropiado del mundo a través de las aplicaciones evitan el trato personal con los trabajadores, usuarios y consumidores, imposibilitan los derechos laborales, las negociaciones colectivas y combinan la más avanzada tecnología con el capitalismo salvaje del siglo XIX. Los empresarios capitalistas eluden responsabilidades y se invisibilizan. Los trabajadores son siempre eventuales, descartables.

 

Los robots van reemplazando a los seres humanos en las fábricas, la medicina, el teléfono, el cuidado personal, en la guerra y en mil actividades más. Los seres humanos empiezan a servir a robots cada vez más inteligentes. Los poderosos pueden asesinar a sus enemigos a miles de kilómetros de distancia mediante drones. Los grandes pueden asesinar sin arriesgar la vida y enviar a miles de robots a combatir en defensa de sus intereses.

A la par que la mega riqueza, la pobreza sigue creciendo. A la vieja marginalidad de los ejércitos industriales de reserva, característica del capitalismo industrial clásico, se suma la nueva pobreza de los sin casa, los migrantes, los desplazados y los refugiados que suman millones. Los que sobran y no tienen lugar en el mundo capitalista del siglo XXI.

 

Gente que vive en las calles, debajo de los puentes, al borde de las líneas de trenes, que duerme en las estaciones de los metros o en las calles detrás de los grandes hoteles. Gente que vive en los basurales, que muere de hambre o de frío sin que alguien se entere porque nadie sabe que existe. Son millones.

 

Los más pobres entre los más pobres son invisibles, no aparecen en las estadísticas. En el mundo del sinhogarismo, la vida es más corta, las enfermedades son más numerosas, la identidad sobra, no es necesaria.

 

A estas formas de vida, hay que agregar formas esclavas de trabajo. Mensajeros y mensajeras que llevan drogas de uno a otro país. Jóvenes que transportan pasta básica de uno a otro poblado. Mujeres de las maquilas. Miles de pisadores de coca. Niños sicarios combatientes de ejércitos delictivos, cuya vida no vale nada. Otros niños se ganan la vida escogiendo basuras. Ejércitos de vigilantes que arriesgan la vida durante 12 horas seguidas. Mujeres que permanecen horas de pie como vendedoras en los malls. Adolescentes que, como en el Perú, trabajan encerrados en containers, sin autorización para orinar o defecar.

 

Un mundo que opera en gran parte en las sombras de la sociedad, un submundo donde no hay derechos humanos ni sindicatos ni huelgas. Un mundo explotado por la impunidad de los empresarios sin escrúpulos entre los cuales están también los empresarios del tráfico personas, el tráfico de drogas y el comercio con la muerte.

 

Hay una relación estructural, sistemática entre esta nueva esclavitud y los reyes de la casta dominante global. La esclavitud ha sido resucitada por el neoliberalismo y goza de muy buena salud.

 

Es el nuevo proletariado mundial que no tiene internacional ni doctrina, ni manifiesto. Pero que existe y se mueve.

 

Hay 10 millones de personas apátridas, aquellas a las que se les ha negado una nacionalidad.

 

Unas 30.000 personas fugan de sus países por día, según el informe publicado en Ginebra por el Centro de Vigilancia de Desplazados Internos (IDMC, por sus siglas en inglés) de Noruega.

 

Todos ellos fugan de las guerras promovidas por los imperialistas de esta época que son los mismos de antes.

 

Mientras en los albores del capitalismo, la pobreza era creada por la explotación del trabajo humano, en la globalización la pobreza resurge por los constantes e interminables programas de ajuste y privatización.

 

AMÉRICA LATINA

 

Distraído antes en el medio oriente, el imperio ha vuelto sus ojos hacia esta parte del mundo. Pero no le va nada bien. No puede con Cuba cuyo socialismo ha pasado los sesenta años. No puede con Venezuela, a pesar de que la somete a torturas interminables. No puede con México, que ha elegido un gobierno no obediente a Washington en su frontera sur. No puede con Chile, cuyo pueblo se ha levantado masivamente contra el proyecto neoliberal de Friedman / Pinochet. No puede con Argentina, a la que ha endeudado millonariamente aprovechando el rol servil de Macri pero que acaba de elegir a Alberto Fernández. No puede con Bolivia ni con Brasil, ni con Ecuador, porque ha tenido que recurrir a los grupos más cavernarios que son incapaces de gestionar un país. La expresión del neoliberalismo imperial se da en Bolsonaro, Camacho, Macri, Moreno, Duque y Piñera. Mientras tanto, las sociedades se alejan de los sistemas políticos que detestan, protestan masivamente y crean sus propios métodos de lucha contra el sistema en Ecuador, México, Colombia y Chile.

 

PERÚ

 

El múltiple mundo popular peruano sigue imponiendo sus reglas en la economía y la cultura. El sistema político está desprestigiado y ha perdido legitimidad. El gobierno de Vizcarra ha entregado la política económica a los empresarios de la CONFIEP y la política internacional al Departamento de Estado de los Estados Unidos. La lucha contra la corrupción de los sectores democráticos unida a la presión popular, ha logrado que tres ex presidentes estén enjuiciados y uno se ha suicidado. Muchos funcionarios corruptos del sistema político y del Poder Judicial están en la misma situación. El Parlamento ha sido disuelto.

 

Pero ningún empresario corrupto o corruptor está preso, la lucha contra la corrupción sirve de cobertura para prolongar y consolidar un sistema económico repudiado y opera también como metodología de represión contra la protesta de líderes locales, alcaldes, gobernadores regionales o autoridades de menor nivel. Cientos de líderes sociales están presos, enjuiciados o investigados por delitos diversos, reales o supuestos. La Política, la Estrategia y el Plan de Competitividad persiguen ampliar el trabajo precario y formar a los trabajadores en las características que demandan las empresas explotadoras nacionales y globales, con el objetivo de uncir al Perú al carro de la OCDE y la OTAN. La Junta Nacional por la Justicia elegida en un procedimiento manipulado depende del Poder Ejecutivo, con lo que ha sido abolida en la práctica la autonomía del Poder Judicial, ya que ellos son los que designan o destituyen jueces y fiscales. La Ley de la Superintendencia de Universidades Sunedu, ha abolido también en la práctica la autonomía universitaria. Y el gobierno es incapaz de llevar a la práctica una política en que el Estado cumpla su rol de servicio a los intereses de la ciudadanía.

 

 

El Perú sigue siendo el paraíso de las empresas capitalistas, el “milagro” que permite la acción libre de los reyes de la droga, los empresarios corruptos y los explotadores de toda laya y clase social.

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