UN PARO QUE HIZO PARAR  A TODO EL PERÚ

UN PARO QUE HIZO PARAR  A TODO EL PERÚ

                                (19 de Julio de 1977)

 

Por: Adolfo Granadino F.

 

42 años después  se mira mejor  esa gesta  popular y, emerge la real talla del movimiento sindical de esas décadas que realmente fueron de gloria, luego de finalizar los  gobiernos aristócratas y  la dictadura de Odría. Esa movilización de los trabajadores y su pueblo manifestó su heroicidad al entrar en franca confrontación con la dictadura de Morales Bermúdez, hoy sentenciado a cadena perpetua por un tribunal de máxima instancia de la justicia italiana.

 

Ese paro del 19 de julio de 1977 que fue sólo de 24 horas, tuvo un impacto continental. Era un pueblo que se levantaba en la soledad de una América Latina, que a excepción de Cuba de Fidel y Panamá de Torrijos, estaba siendo masacrada por las sangrientas dictaduras militares de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia. En Colombia y Venezuela eran gobernados por la burguesía ultra conservadora que observaba complaciente el genocidio denominado “Operación Cóndor”.

 

Según los «archivos del terror» descubiertos en Paraguayla Operación Cóndor dejó un terrible saldo de 50.000 muertos, 30.000 desaparecidos, y unos 400.000 presos.

 

Ese día 19, la gente transitaba por las calles de la ciudad, no para poder llegar a sus centros de labores sino para congregarse en la plaza Dos de Mayo y manifestar su protesta contra un gobierno dictatorial y restaurador que venía desmantelando las conquistas logradas durante el gobierno de Velasco. Y, disparaba los precios de las subsistencias como vía rápida de reducir la capacidad adquisitiva de los salarios.

 

Tampoco había movilidad porque no salieron los buses ni las combis, no para evitar que los apedreen, sino porque también se sumó todo el transporte público al paro y lo hizo más contundente todavía. Igual se abstuvieron los vehículos particulares; solamente las tanquetas de la policía y del ejército vigilaban las calles. A la marina le asignaron patrullar el cono Norte y masacraron a varios pobladores en Comas. A diferencia de las movilizaciones de hoy de la oposición venezolana, es que en este paro, el de Perú, esta oposición, realmente popular y sindical, no recurrió a esos métodos terroristas, ni recibimos apoyo de la cavernaria derecha y de EE.UU. ¡fue un gran paro clasista!

 

En esa época, en América del Sur, desfilaban los generales más impresentables de la historia como  Alfredo Stroessner, Rafael Videla, Augusto Pinochet,  Hugo Banzer y el no menos asesino, aunque civil, José María Bordaberry. Se mató a los mejores hijos de Latinoamérica. Era tal la dependencia y  sumisión a Washington, que varios gobiernos, en apariencia democráticos, optaron por recurrir al patrocinio militar para enfrentar los justos reclamos populares. Así sucedió en Uruguay, Guatemala, El Salvador y Honduras. EE.UU. trataba de evitar que nuevamente gobiernos como el del Peronismo, el de Allende, el de Velasco, el de J.J. Torres de Bolivia y otros gobiernos no sumisos al imperialismo, regresen.

 

La ideología de los generales, influida notablemente por el fascismo y las doctrinas de la ultraderecha conservadora norteamericana, tenía el doble propósito de detener, por un lado, a la legítima lucha de los pueblos y, por otro, incrementar los niveles de dependencia al capital extranjero.  Toda esta amalgama ideológica, sustentada por la doctrina de la Seguridad Nacional, descansó  en la defensa a ultranza del desarrollo de un capitalismo dependiente al capital foráneo y de las estrategias de desarrollo diseñadas por los políticos y teóricos norteamericanos; así como en la represión y estigmatización de quienes propusieran otras alternativas de progreso. El ejemplo cubano fue  censurado y perseguido, así como aquellos que le defendían como alternativa más viable para sus países”, escribió el analista político Alvarado Godoy (de Guatemala)

 

Al día siguiente los medios de comunicación escrita radial y la TV, lo llamaron “paro se hizo sentir”, el gobierno se pronunció sobre el “paro parcial”, la revista Caretas comentó en primera plana: “El paro hizo de Lima otro domingo”. Esta movilización se extendió por todo el país con similar contundencia.

 

“El 19 de julio de 1977 fue el día que empezó a caer Morales Bermúdez” (Héctor Béjar)

 

Volviendo a la situación política de América Latina de esa década, la gendarmería del Pentágono estaba muy bien eslabonada y para largo tiempo;  primero en Paraguay, la dictadura de Stroessner duró desde 1954 hasta 1991; luego en Brasil (1964) y después  que la CIA desatara  una feroz  campaña propagandística en contra del gobierno de João Goulart en ese año, cuya culminación fue un golpe de Estado. Brasil sufriría  por más de dos décadas la presencia de dictaduras militares. En Bolivia (1971) el coronel Hugo Banzer toma el poder al derrocar al general Juan José Torres, quien había establecido un gobierno militar de izquierda. Uruguay, la dictadura cívico-militar se enraizó  entre 1973 y 1984, desatando también una represión a gran escala, pero con una modalidad muy sui géneris: fue una represión sofisticada y selectiva. En Chile, el régimen de Pinochet se prolongó desde 1973 hasta 1990. Perú con Morales Bermúdez (1975). Argentina fue tomada por las tropas de Videla hasta Galtieri desde 1976/1982.

 

Los sanguinarios resultados de la nueva estrategia de terror diseñada en la Operación Cóndor no se hicieron esperar: militares argentinos y chilenos ejecutaron el asesinato en Buenos Aires del general Carlos Prats y de su esposa. Luego vendría  el atentado a  Bernardo Leighton, en Roma. Estos hechos evidenciaron que la Operación Cóndor, auspiciada por la CIA, pasó a ser una alianza castrense de tipo internacional, integrada por represores de más de seis países. En los años siguientes, la colaboración entre los Estados Unidos y Pinochet se fortaleció a niveles sorprendentes. El propio Henry Kissinger santificó los asesinatos y la salvaje represión contra los chilenos,  cuando le expresó a Pinochet, en junio de 1976: “… en Estados Unidos simpatizamos con lo que usted está tratando de hacer aquí”. Los pueblos de Chile, Argentina, Uruguay y Brasil pusieron los miles y miles de cadáveres.

 

En el Perú, desde el día siguiente  de aquel 19, todos los líderes políticos de izquierda se vienen presentando hasta hoy, 42 años después, como los abanderados de ese, hoy se diría “Mega Paro”; pero lo cierto es que no todos impulsaron esa movilización y siendo un mes de julio como hoy, esperaban una especie de milagro que se expresaría en un mensaje presidencial de Morales Bermúdez radicalmente diferente al del año anterior y anunciando la “radicalización” de la segunda fase de la revolución de las FF.AA.

 

No hubo necesidad de esperar hasta el 28 de julio, ya que dos días después del paro, en el palacio de gobierno firman un decreto de autorización a las empresas para que en un plazo de quince días DESPIDAN A TODOS LOS DIRIGENTES SINDICALES QUE PARTICIPARON EN LA PARALIZACIÓN DEL 19. Dicho decreto (DS 10-77-TR) fue firmado por Bermúdez, el Teniente General FAP DANTE POGGI MORAN, Ministro de Aeronáutica, el Vice Almirante AP JORGE PARODI GALLIANI, Ministro de Marina, el General de Brigada EP LUIS CISNEROS VIZQUERRA, Ministro del Interior, el más fascista de los militares, y el Mayor General FAP LUIS UGARELLI VALLE, Mi­nistro de Trabajo.

Más de 5 mil dirigentes fueron despedidos en menos de una semana. Fue una medida propia de la Operación Cóndor. Aprovecharon las vacilaciones de las cúpulas sindicales, particularmente de la CGTP y de algunos partidos de izquierda. Así se inicia el segundo debate divisionista de la segunda fase “revolucionaria” de toda la izquierda, con esa masa de dirigentes sindicales en la calle, desorientados y sorprendidos.

 

Quienes esperaban un discurso presidencial diferente, recibieron más bien, una respuesta  fascista ya usual en toda la región.

 

Pero eso no quita la grandeza histórica del paro del 19 de julio de 1977

 

 

 

Julio 2019

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