La película “La Revolución y la Tierra” sobre el gobierno de Velasco y la Reforma Agraria ha provocado debate. Aldo Mariátegui no ha visto la película pero dice que “lava cerebros”. Derechistas y economistas neoliberales han salido a decir que Velasco (1968- 75) tuvo la peor política económica de nuestra historia. Así que hace nos días busqué los datos y los puse en tuiter:  el crecimiento del PBI per cápita fue 2,1% anual en el gobierno de Velasco. Este crecimiento es mayor que el que hubo en el primer gobierno de Belaunde entre 1962 y 1968, cuando el PBI per cápita creció 1,8% en promedio. También fue mayor que el del segundo gobierno de Belaunde (1980-85) cuando fue negativo, -2,4% anual. Para quienes gustan de las reformas neoliberales de la dictadura de Fujimori, el crecimiento de la década 1990-2000 también fue menor que el que hubo con Velasco: el “chino” piurano también le gana al “chino” japonés.

EL AGRO TRAS LA REFORMA AGRARIA

He recibido furibundas respuestas. Víctor Andrés García Belaunde ‘Vitocho’ intenta negar la realidad remarcando que “hasta 1966 Perú creció más de 6%”. Pero los datos son los datos y las cifras son las puestas líneas arriba.  Ahora bien, ¿cómo conciliar unas cifras con otras? Lo primero que me llamó la atención es que ´Vitocho´ deja de lado los últimos dos años del gobierno de su tío. ¿Por qué? Una revisadita y encontré lo que era obvio: porque en 1968 la economía entró en recesión y en términos per cápita ese año retrocedió 3 por ciento.

García Belaunde insiste en que “económicamente la Reforma Agraria fue un desastre”. Mucha gente cree eso porque se repite una y otra y otra vez. Pero las estadísticas dicen otra cosa: entre 1968 y 1975 la producción agropecuaria peruana creció al ritmo de 2,5 por ciento anual, nuevamente más que el 2,3 por ciento que registró durante el primer belaundismo (y ese mismo ritmo del 2,3 por ciento se observó en promedio en los 18 años previos a la Reforma Agraria). Los datos indican que la reforma agraria, a pesar de la enorme falta de capital humano y gerencial entre los campesinos y de múltiples errores que se cometieron, no detuvo el crecimiento agrario.  Para quienes sí fue un desastre fue para los hacendados dueños de miles de hectáreas, pero incluso los empresarios entre ellos reinvirtieron los bonos que les dieron e hicieron nuevos negocios, caso del Grupo Romero.

La historia agraria del Perú, como en general de la economía nacional, es compleja y tiene muchas vueltas, atravesada por el desastre de la hiperinflación y el conflicto armado interno del periodo 1985-1992. Mirado desde cinco décadas después, sin embargo, la distancia permite ver la reforma agraria de Velasco ha sido un factor clave para que la pequeña y mediana agricultura haya crecido los últimos 25 años encima del 4 por ciento anual. Si no hubiera sido por la Reforma Agraria, ese espíritu emprendedor que han desplegado en las últimas décadas cientos de miles de campesinos y que ha permitido el aumento de la productividad agropecuaria y la disminución de la pobreza rural no hubiera sucedido; tal despegue ha sido posible porque los campesinos son dueños de sus tierras y pueden desarrollar sus propios negocios y porque sus ataduras de servidumbre y aislamiento comercial han sido rotas.

Otro elemento fundamental que ha permitido la reducción sustancial de la pobreza rural ha sido la educación, algo que muchos hacendados frenaban o prohibían hasta antes de Velasco. En las narrativas económicas estrechas no figuran los “cuentos feos” de la servidumbre, las torturas y la violencia que imponían los hacendados ni se presenta como los gamonales eran dueños de la política regional, de los jueces y de la policía, como relatan las principales novelas peruanas de la época. Fue Velasco quien rompió las cadenas de la servidumbre y también quien dio un enorme empuje a la educación peruana para que llegara a indígenas y campesinos. Es gracias a sus reformas que las comunidades y pueblos se han empoderado y hoy tenemos alcaldes campesinos y la fuerza política de base que ha conseguido los caminos, la electricidad y las telecomunicaciones en la mayoría de pueblos andinos.

LA MACROECONOMÍA

En 1975 se produjo una de las 4 grandes recesiones que la economía mundial ha tenido en los últimos 50 años según recuento del FMI. Este gran shock externo causó un fuerte déficit comercial que llegó al 80 por ciento de nuestras exportaciones, lo que fue el punto crítico de la economía velasquista. Luego de eso, ya tras la caída de Velasco, nuestra economía pasó por una profunda crisis entre 1976 y 1992, con una inflación que fue creciendo hasta convertirse en hiperinflación y con un PBI que tuvo varias caídas abruptas, en particular una de 13 por ciento en 1983 y otra de casi 30 por ciento entre 1988-89. ¡Culpa de Velasco! gritan por ahí. Ocultan que el derrumbe mayor, con una inflación que llegó al 7482 por ciento anual, fue 13 años después de terminado el gobierno velasquista. Fue el desastre sin límites de Alan García.

La verdadera responsabilidad de esa enorme crisis fueron las políticas económicas de ajuste; muy similares a las que acaba de intentar Ecuador y que aplicó recientemente el derechista Macri en Argentina con los resultados a la vista. Estos ajustes los empezó el gobierno de Morales Bermúdez con ministros de la élite empresarial peruana como Walter Piazza, cuya empresa Cosapi hoy se acoge a la “colaboración eficaz” porque está metida hasta el cuello en la corrupción del “club mafioso de la construcción”. En 1980-85 un aperturismo absurdo promovido por Manuel Ulloa y Roberto Abusada nos llevó a un déficit comercial severo, al que luego respondieron con un ajustón brutal justo, generando una crisis de gran proporción. El PBI cayó 13 por ciento en 1983, brutal. Si la inflación en el septenio velasquista fue 13 por ciento en promedio, con Belaunde 1980-85 fue de 21 por ciento.

EL FMI presionó por esos paquetazos económicos, como los llamábamos entonces, igual que lo ha hecho ahora en Ecuador. Había mejores alternativas; en esos años países asiáticos también tuvieron que ajustarse por la fuerte alza de precios del petróleo (que importaban como nosotros) y lo hicieron mucho mejor. Dani Rodrik y Joseph Stiglitz han escrito un par de buenos libros de crítica al FMI y resaltando otras propuestas.

En el frente de desarrollo productivo diversificador, los datos nuevamente muestran un resultado importante del velascato: entre 1968-75 la industria creció 41 por ciento. Si hubiéramos mantenido ese ritmo de crecimiento, nuestra producción industrial hoy sería más del doble de lo que actualmente es. Ningún gobierno ha repetido ese nivel de crecimiento y hubo varios retrocesos. Pero se prefirieron políticas anti-industrialistas. La contrarreforma del periodo 1980-85 del segundo belaundismo significó que, luego de 5 años de gobierno, la industria nacional producía 11 por ciento menos que al inicio de su periodo. Todo un récord de ese gobierno dominado por banqueros y donde el ideólogo neoliberal de Confiep, Roberto Abusada, tuvo un rol destacado.

LA DESIGUALDAD, LA SOCIEDAD Y LA POLÍTICA

Los datos no muestran que la reforma agraria ni la política económica general de Velasco fueran malas, excepto para los grandes hacendados, las trasnacionales que fueron expropiadas y el ego de dueños de empresas que tenían que soportar a los obreros en las comunidades industriales. Durante el gobierno de Velasco los trabajadores recibían el 37 a 39 por ciento del PBI y que luego de eso la parte de la torta que reciben los asalariados ha caído a 30 por ciento, pero en los años 60 había estado incluso entre el 39 y 40 por ciento. Velasco no redistribuyó ingresos masivamente hacia los obreros y la política de otorgarle una parte de las utilidades de las empresas a sus trabajadores se ha mantenido hasta la fecha.

La Reforma Agraria es un hito en la historia nacional, más que por redistribuir la riqueza, por ser un gran acto de dignificación del indígena. Sentó las bases para una ampliación de los derechos civiles y políticos hacia los hombres del campo. Solo así se pudo llevar la educación y el voto a las comunidades campesinas.

Quienes critican la reforma agraria debieran ver la película “La Revolución y la Tierra” y recordar que esa política era promovida por J.F. Kennedy. Su “Alianza para el Progreso” fue una forma de contener los vientos revolucionarios que venían desde Cuba pero también de alzamientos campesinos como los de La Convención 1960-65 (lean el reciente libro de Rolando Rojas “La revolución de los arrendires”).

DISCUTIENDO CON ECONOMISTAS

Décadas de malformación han llevado al mainstream económico a segregar la economía de la política y de la historia, a pensar la institucionalidad separada de la economía, a considerar la desigualdad como un resultado incómodo que mejor es ocultar y que no se relaciona con los problemas sociales y de gobierno.

Hoy, mirando a los países vecinos, hay que ser obtuso al extremo para no darse cuenta la profunda relación entre modelo económico, desigualdad, conflicto social y democracia. Volteen a Chile y verán el profundo descontento de amplios sectores sociales frente a la desigualdad y el maltrato. Giren hacia Ecuador donde un ajuste tipo FMI genera una reacción indígena de proporciones. Los que creen que haber disuelto un congreso mafioso trae inestabilidad económica ¿no ven como acá al costado nomás hay países que nos gritan que lo que genera inestabilidad política es profundizar el modelo neoliberal y agravar la desigualdad?

Entender el Perú hoy exige pensar esta conexión entre economía, política y sociedad. La Confiep defiende el modelo económico y el congreso fujimorista al mismo tiempo; José Chlimper tripletea como dueño de agroexportadora con exoneraciones tributarias, líder fujimorista y director del BCR; Roberto Abusada es al mismo tiempo director de la empresa hiper-corrupta Graña y Montero y defensor del “libre mercado” en las páginas del diario donde Don Graña es el mayor accionista.

¿Pensar la economía sin tener en cuenta como quienes concentran la riqueza y manejan las grandes empresas han estado bien juntitos del poder político y mediático para defender sus intereses? Eso es absurdo.

Por eso la discusión de la reforma agraria de Velasco es tremendamente actual. Muchos de quienes hoy defienden el fujimorismo congresal y el modelo neoliberal, son los mismos que critican una reforma agraria que cambió no solo la economía sino una sociedad y política peruanas profundamente discriminatorias y excluyentes. No es casualidad.