VENCER EL VIRUS ANTIDEMOCRATICO

VENCER EL VIRUS ANTIDEMOCRATICO

Por Jorge Perazzo

No es casual que el Gobierno pierda interés en su propio sistema oficial para combatir los desastres (SINAGERD). No solo estaba tan deteriorada presupuestalmente como la salud pública. No era su opción política. Peor aún, desestimó los Centros de operaciones de emergencia en cada barrio, comunidad, distrito, provincia o región que entusiasmo a muchos aunque nunca tuvo la prioridad a pesar del riesgo constante de desastres en el pais.

 

Sin embargo, la mayor tragedia para la institucionalidad y la democracia estaba por llegar y llegó.
 
El gobierno creo un Comité de emergencia basado en él presidente y sus ministros para enfrentar la pandemia siempre con un tono bélico. Optó por la salida más ineficiente, centralista, típicamente presidencialista, autoritaria y absolutista. El virus hizo crisis en la economía pero antes a la propia democracia que puede ser tan duradera y “conveniente” para los sectores más reaccionarios.
 
La andanada cada vez mas veloz de decisiones verticales hizo menos eficiente la gestión de la crisis pandémica. Cambio de ministro de salud e interior, improvisación de un comité “técnico” y “amplio” siempre vendiendo la idea de una concertación y especialización que ha mostrado ineficiencia para frenar la escalada de contagios que han llegado incluso al personal de salud y policial. Les cuesta pensar que el problema es social y político, civil y no militar.
 
No saber enfrentar una crisis en democracia no es una casualidad. Es el tipo comportamiento de quien entiende la democracia como elecciones y que en crisis todos deben ser soldados obedientes. Como si la democracia importa un comino en época de crisis.
 
Nos toca, ahora, combatir también el virus antidemocrático antes que sea tarde y sea más costosa restablecerla. Restricciones y más restricciones a las libertades civiles apenas funcionan en un cuartel o en un golpe de Estado, pero no tiene exactamente el mismo resultado en la civilidad ante un desastre natural.
 
Para el gobierno no es importante la sociedad civil y la población organizada, ni escuchar al Colegio médico (Hildebrant, 24Abril2020). Decretan el despido “perfecto” que aprovechan rápidamente las grandes empresas para abandonar a su suerte a miles de trabajadores. No buscan Acuerdo con la CGTP ni a los afiliados a la AFPs ni con líderes estudiantiles, ni siquiera rectores. Los nativos se denuncian ante la ONU y se rebelan ante la inacción contra la malaria y dengue y ahora, ante la pasividad frente a la pandemia en su zona. Familias enteras que viven al día salen de las ciudades desafiando el aislamiento para evitar el hambre sin apoyo oportuno…sin dialogo, sin solución… La democracia es así la victima perfecta con la excusa de la “guerra antiviral”.
 
Una crisis de esta magnitud reclama enfrentarla con la mayor convocatoria posible de las organizaciones sociales no solo con invocaciones y reclamos presidenciales desde el pódium mediático.
 
Las crisis se enfrentan con mayor democracia, mayor transparencia y más humildad. Lo elemental, una mesa inicial anticrisis con los colegios profesionales, CGTP, Universidades, Defensoría, Coordinadora Nacional de DDHH, Frente nacional de Microempresarios y los Partidos políticos genera más confianza, legitimidad y certeza a toda la población. Recién será tarea de todos, vigilancia de todos y las soluciones también de todos.
 
Lo más importante es que este ejercicio se replicaría inmediatamente en su composición en cada región, provincia, distrito y barrio. Ya hemos tenido alguna experiencia que frustraron los sucesivos gobiernos: fue el esquema del sistema de defensa civil con bases civiles, presupuesto y poder local en cada comunidad y/o territorio. Nunca se le dio la atención debida ni se perfeccionó a pesar de su importancia por la frecuencia de desastres de todo tipo que sucede en el pais. Otra seria la historia si enfrentamos dificultades basado en la democracia, la participación popular activa y la transparencia. No habría, sin duda, la sarta de desatinos de hoy.
 
A la tremenda crisis de salud le sigue (si no está ya) una más dolorosa crisis económica. ¿Que pasara? Insurrección, rebelión, explosión social, protestas cívicas. Uno o todo junto quizá. No olvidemos que venimos de una crisis de legitimidad de las autoridades corruptas e ineptas del Estado frente a la civilidad, y de una elevada desigualdad social que es el doble de lo oficialmente calculado. Cuando se esfume la pólvora derramada en esta guerra antiviral se avecina sin duda otra guerra mayor: por otro mundo mejor, por otro Perú.
 
Y por supuesto ya salieron Vargas Llosa, Macri y Uribe, entre otros a defender la “economía de mercado” en una bravata mediática de alcance internacional. Todo un manifiesto que firmaron también neoliberales peruanos defendiendo la amenaza autoritaria cuando la “economía de mercado” que sostienen no es más que la dictadura del poder económico y la plena libertad del capital. Cuando esta batalla pos-pandemia tome fuerza sin duda harán uso de la normalidad autoritaria de acción política en curso que es muy, pero muy útil para que el poder empresarial no pierda poder y patrimonio como nunca lo han querido perder.
 
De hecho, el gobierno actual está marcando la pauta pospandemia que entusiasma a los neoliberales y que ejercerá una influencia fundamental en plena crisis de empleo y producción. Es probable que incremente el absolutismo en la medida que no le funcione sus mandatos verticales y evite llamar a las fuerzas vivas de la nación. Dan dinero desesperadamente a los municipios y regiones que no pueden o no saben gastar y otorgan “libertad de gatillo” a los policías. El camino a destruir la democracia sigue y puede dejar una huella indeleble que tome tiempo limpiar y permita que se cumplan los deseos de los intelectuales del mercado.
 
La naturaleza altamente destructiva de este virus no les permitirá fácilmente restaurar el modelo socioeconómico neoliberal y quizá enfrentemos una dura, durísima reacción por lo que apelaran a durísimas medidas autoritarias ya no para vencer la pandemia sino por la “estabilidad democrática” y la “recuperación económica”.
 
“Otro mundo es posible” suena en casi todos los paises del mundo ahora. La utopía como expectativa toma fuerza también en Perú y se apodera de las mentes hurgando la raíz del problema que nos lega el modelo y su solución. “Si hay alternativa” parece cada vez más cercano vista la miseria de la sanidad pública, la fragilidad del empleo y la desgracia generada por la pandemia.
 
El mensaje que se repite constantemente es que “otro peru es posible”. Hagámoslo, somos mayoría.

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