CONFIAR EN LOS PERUANOS

CONFIAR EN LOS PERUANOS

Doce Ángulos

 

 

Luis M. Sánchez

 

 

El Perú se alista a votar en una elección que puede ser trascendental por varias razones. Podría ser el final de los grupos que en estos años se han pasado la posta de la corrupción, entre sonrisas escandalosamente cínicas.

 

Podría continuar con la estadística del crecimiento promedio que hace que 2/3 de peruanos vivan casi a salto de mata, porque el gobierno no los deja emplearse ni les da seguridades de vida, o podría ser el comienzo de un país más equitativo, que recupere, por ejemplo, algo del buen trato a la gente que había entre los ayllus del incario.

 

Claro que al país no lo cambia solo un presidente. Para ser una gran nación se requiere que todos cambiemos, sobre todo nuestras actitudes. Dejar de ser menos falsarios y de enfrentarnos sin motivo, por historias que otros inventan con el único objeto de tenernos divididos.

 

Para qué distraer, por ejemplo, con la supuesta amenaza de Venezuela, cuando todos sabemos que el Perú es el Perú y Venezuela es Venezuela. Nadie ha planteado copiar realidades, lo que además es materialmente imposible. De paso Maduro tiene suficiente con el colosal bloqueo económico de los Estados Unidos, como para ocuparse del Perú.

 

O para qué revivir las maldades del anticomunismo, que los comunistas vienen a quitarle a la gente sus chacritas, sus ahorros, sus casitas, su cepillo de dientes, fábulas que serían infantiles si no fuesen descabelladas.

 

El comunismo nunca fue eso. En su mejor momento fue la gran fuerza ética que derrotó al fascismo en Europa, y apoyó la liberación de casi todos los países coloniales. Cumplió la misión histórica de mostrar los efectos despiadados del capitalismo sin rienda contra el hombre y la naturaleza. A partir de ahí, cada país debe escribir la historia de su bienestar por cuenta propia, conforme a lo que sus poblaciones y sus fuerzas dirigentes lo decidan.

 

Así lo intenta Pedro Castillo cuando propone cambiar la Constitución que es la camisa de fuerza que le impide al país quedarse con el 70% de sus riquezas naturales. Por ahora nos conformamos con el 30%, porque el resto sale al extranjero. Pero Castillo es consciente de que esta no es una decisión del presidente sino de todos los peruanos, y por eso ha dicho que el cambio de Constitución dependerá de que la gente lo apruebe en referéndum.

 

No hay razón, entonces, para convertir el debate político de la segunda vuelta en una pelea con fantasmas. Lo que está en juego en estas elecciones es recuperar la verdad, dejar de mentir y devolverle a la política el sentido de respeto a la palabra empeñada.

 

Paso inevitable para ello es aprender a confiar en los peruanos. Valorar a los líderes que salen del país nativo; que no son gringos, ni japoneses, ni se han educado en universidades extranjeras, pero conocen al Perú en la práctica y lo respetan. Es tiempo de recuperar la confianza en nosotros mismos. No solo en el fútbol el Perú puede obtener grandes triunfos. El tiempo ha llegado para tenerlos también en la política.

 

 

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