El efecto Congorito y la democracia en vilo

El efecto Congorito y la democracia en vilo

Doce Ángulos

 

 

Luis M. Sánchez

 

 

 

No hay duda de que los jóvenes y familias que participan en la protesta nacional apuestan por el renacimiento de la democracia. Lo que no se sabe es qué cambios exactamente se buscan; y si ello no está claro, prima el efecto congorito: “todo el mundo corre caramba, yo corro también”.

 

La cosa podría ser incluso peor. Las marchas pueden ser usadas no solo por los provocadores que son la parte visible de la manipulación, sino por los estrategas que son la parte invisible de las “primaveras democráticas” que actores anónimos se especializan en armar a través del mundo.

 

En Chile era claro el reclamo por la salida de Piñera y el cambio de la Constitución. Piñera se sostiene con auspicios internacionales, pero el pueblo ha logrado que la constitución de la dictadura entre en revisión. Es un paso histórico.

 

En el Perú los triunfos son por ahora menores, con el saldo trágico de tres víctimas, decenas de heridos y otro tanto de detenidos. Merino renuncia, pero su salida no trasciende como la de Vizcarra porque Merino no ejerció el cargo y no queda claro cuáles sean son sus culpas.

 

Algunos repiten a pie juntillas los titulares de “golpe de estado” que plancharon los medios y decenas de ONGs replicaron por medios digitales. Conviene, sin embargo, ser estrictos para impedir que no solo el gobierno se corrompa, sino también el juicio.

 

Si compartimos la idea básica de que las reglas de juego se respetan, y si las competencias se ejercen en el marco de la Constitución, no puede hablarse de “golpe de estado”. Se puede concordar con Carmen Mc Evoy cuando dice que la causal de vacancia por incapacidad moral es un “vetusto mecanismo del siglo XIX” (El Comercio, 15.11. 2020), pero lo cierto es que esa causal existe en la actual Constitución y no se puede decir que sea descabellada.

 

También es cierto que el Congreso no es cualquier institución. Se suele decir que es el primer poder del Estado, y sin duda es el poder más legitimado para hacer la interpretación política del texto constitucional en tanto es el poder democrático por antonomasia. Sus miembros son elegidos por el pueblo, a diferencia del ejecutivo donde solo se elige al presidente, y del judicial.

 

Algunos creen que solo el TC interpreta y que su interpretación prima en todos los casos, con lo que lo colocan como un super poder, o un parlamento en la sombra: podría revisar las leyes y los actos del Congreso, aunque en estricto no es un poder fundamental, no hace decisiones políticas, y sus miembros no son elegidos por el pueblo.

 

Pero el estado peruano no es constitucional sino democrático-constitucional. Por ello, el poder democrático fundamental del Congreso no puede ser desconocido, la declaración de vacancia que hizo el Congreso es legítima en esos términos.

 

En estas horas cruciales el Congreso sigue en jaque mediático. Se lo conminó para la renuncia de Merino, y nada asegura que no se hará lo mismo con quien sea el sustituto. Mucho ojo con la enorme responsabilidad que tienen los integrantes del Congreso de ponerse de acuerdo. Sin duda nadie quiere una salida autoritaria, y la gente no ha marchado por eso.

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