El mundo por descubrir en el 2021

El mundo por descubrir en el 2021

Doce Ángulos

El mundo por descubrir en el 2021

 

Luis M. Sánchez

 

 

 

 

Sumémonos al unánime deseo que en el Año 2021 la pesadilla acabe. Que el planeta vuelva a acoger en paz a todos los que lo aman.

 

Confiemos en la inteligencia, pero ante todo en la bondad humana, perdida en algún punto de la historia. Quizás en el siglo XVI, cuando la agresión occidental contra los continentes dio comienzo. O en el siglo XIX, cuando la naturaleza pasó a sobreexplotarse a cuenta del progreso industrial y las guerras.

 

Habrá, con seguridad, remedios contra el COV19. Incluso algunas vacunas funcionarán. El problema es que la gran fábrica de catástrofes en que se ha convertido el capitalismo mundial sigue operando. Mientras se buscan soluciones para el COV19 la maquinaria capitalista sigue devorando el suelo, el mar, los bosques, el clima, las formas vivas.

 

En treinta laboratorios biotecnológicos ubicados sigilosamente por el poder corporativo global alrededor del mundo, eminentes investigadores juegan con la vida. Hablan de “la ciencia”, pero sirven al propósito capitalista de siempre: controlar los recursos del planeta y multiplicar los beneficios privados.

 

Por eso la cura contra el COV19 se ha vuelto ocasión para lucrar a escala planetaria. Pfizer lo sabe. A ese ritmo, otros virus, otras amenazas y otros negocios globales acechan, contra los que hasta ahora nada pueden las democracias, ni la comunidad internacional, ni la gente.

 

En nombre de la “libertad de mercado” astutamente el capitalismo neoliberal ha arrinconado a casi todos los estados. Formalmente mandan los presidentes, pero desde los acuerdos de Breton Woods, los estados han pasado a segundo plano.

 

Gobiernan, en todo caso, los estados de las grandes corporaciones privadas – los conocemos- y países con gobiernos endebles, como el peruano, exactamente no cuentan. La Constitución del 93 sometió oficialmente al Estado peruano a los contratos con las empresas transnacionales, y todos los presidentes, incluido el actual, se dan maña para llevarlo a la práctica.

 

La gente tiene que estar clara que en esto consiste el neoliberalismo pomposamente defendido en nombre del crecimiento económico, el “libre mercado”, y el ataque al “populismo”.

 

Crece el producto a costa de sobreexplotar a la gente, y va a parar a manos del 1% de familias dueñas del 60% de la riqueza generada en el mundo. Crece a costa de acabar con la vida en el planeta, como lo muestra el reporte 2020 de WWF. Entre 1970 y el 2016, las especies de mamíferos, aves, peces, anfibios y reptiles se han reducido en 68%. El camino a la extinción parece indetenible.

 

El mundo sucumbe a las ideologías de la voracidad privada. Esto es lo que tiene que cambiar.  Lo que tiene que producirse es un redescubrimiento de las sociedades del bienestar, del bien común, del respeto a la vida en el planeta.

 

Ese mundo es necesario, y posible. Así lo plantearon los utopistas de los siglos XVI y XVII, los liberales y demócratas del siglo XVIII, los comunistas de los siglos XIX-XX. Así lo enseñan las filosofías milenarias de todos los continentes.  El tiempo para hablar en serio de esto ha llegado. Quizás entonces las catástrofes podrán frenarse, y la humanidad podrá respirar algunos siglos más, quien sabe unos milenos.

 

 

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