ELECCIONES DEL 2021: EPÍLOGO NO SORPRESIVO

ELECCIONES DEL 2021: EPÍLOGO NO SORPRESIVO

 

Catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, profesor de derecho, especialista en derecho laboral, estudios en Francia.

Por Jorge Rendón Vásquez

Estimados lectores:

Hoy, 28 de julio, es un día singular, porque hoy llegamos a los 200 años de existencia independiente como Estado y de vida republicana.

Unos meses antes del 28 de julio de 1821, un militar argentino con una visión histórica extraordinaria había llegado a la costa de Pisco con unos miles de oficiales y soldados argentinos, chilenos e ingleses, imbuidos de sus ideales, y marchó sobre Lima. Sabía que la casta blanca ociosa, genuflexa y oportunista de Lima, perdería el piso con su presencia y comenzaría a pasarse a su bando. San Martín no podía ignorar que esos conversos heredarían el poder político del nuevo Estado independiente que él quería fundar. Pero, en ese momento, esto no importaba mucho, con tal de acabar, por fin, con la dominación española en América del Sur.

Para tentar a la casta blanca limeña y facilitar su conversión, San Martín les propuso buscar un príncipe europeo y se envió una comisión a Europa a encontrar alguno. Pero, esta fórmula fracasó, porque la casta blanca titubeaba entre el poder hispánico, cuyo ejército dominaba la Sierra, y el ejército libertador. San Martín trató, incluso, entenderse con Bolívar, a quien buscó en Guayaquil, pero tampoco tuvo éxito. Comprendió, entonces, que él había terminado su función en el Perú y se retiró honorablemente. 

La casta limeña, ya plenamente consciente de la posibilidad de suceder a España en el dominio del nuevo Estado que así nacía, entró en pánico, y mandó una comisión a Guayaquil a pedirle al libertador Simón Bolívar que viniese al Perú con sus ejércitos para enfrentarse al ejército español, el que, dicho sea de paso, estaba formado por una mayoría de indios y mestizos. La casta blanca nunca tuvo el valor ni las ganas de formar ni aun un batallón, ni nunca quiso arriesgar nada; quería que se lo hicieran todo. Bolívar vino al Perú y terminó la obra de San Martín, batiendo al ejército español en la Pampa de la Quinua, en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.

Las castas india, mestiza, negra y parda siguieron explotadas hasta la extinción y excluidas de la educación, la vida política y social, como durante la dominación hispánica, a pesar de las tentativas de San Martín y Bolívar de darles otras oportunidades, que ellas no comprendieron ni defendieron.

Hoy, asumirá el cargo de presidente de la República, el primer mestizo, salido del pueblo, un maestro de escuela que llega a esa investidura, en estos 200 años de vida republicana, por los votos de una gran parte de las mayorías populares. La otra parte de estas mayorías sigue alienada, como al comenzar la República, resignada y contenta, al parecer, de su explotación y discriminación. La presencia del maestro de escuela como titular del Poder Ejecutivo es, por eso, simbólica. Puede significar el comienzo de un nuevo momento en la historia del Perú. No se necesita cambiar todo; bastarán algunos ajustes estratégicos bien hechos, y la estructura y las superestructuras serán colocadas en otro nivel de evolución, con menos desigualdades y más oportunidades para todos. Es al pueblo, el que le dio su voto a este maestro de escuela y al partido que lo lanzó como candidato y organizó su campaña, a los que corresponde apoyarlo para que empiece a cumplirse esa tarea histórica.

Cordialmente.

 

El proceso electoral de este año ha pasado por tres etapas:

 

En la primera, arrancaron del partidor 18 candidatos, de los cuales uno, Pedro Castillo, ignorado por las encuestas y los opinólogos de alquiler, ganó la elección gracias a la visión de quienes lo lanzaron y a los consejos de ciertos asesores benévolos. El partido Perú Libre, que lo postulaba, obtuvo 37 representaciones en el Congreso y la alianza Juntos por el Perú, que propuso a la candidata Verónica Mendoza, 5, de las cuales sólo 2 son del entorno de esta y los 3 restantes del grupo con inscripción que los había acogido.

 

En la segunda etapa, Pedro Castillo, ya identificado como el hombre del sombrero campesino, concitó la atención de una parte creciente del electorado popular, impactado 1) por su carácter simbólico: ser el primer hombre del pueblo mestizo y trabajador que competía por la presidencia de la República; y 2) por sus promesas de cambiar muchas de las cosas malas de nuestro país, sin precisarlas. En cierto momento, en las encuestas, que recién se fijaban en él, llegó a superar a su rival, la candidata de la corrupción, por unos 15 puntos, que, sin embargo, fue perdiendo por sus iniciativas erróneas en el camino, envanecido porque le estaba yendo bien y desoyendo a sus benévolos asesores. La táctica del poder empresarial, ejecutada por los opinólogos de alquiler en la prensa y la TV, se centró en estigmatizar al líder de Perú Libre, inventándole defectos y sacando a relucir una condena penal arbitraria. Esta etapa terminó con el triunfo del candidato del sombrero campesino por 0.25% apenas.

 

En la tercera etapa, el partido pasó a jugarse en el campo de los órganos electorales. La candidata de la corrupción impugnó, apeló y se revolvió como un reptil para traerse abajo el proceso electoral. Sus huestes alquiladas salieron a las calles a agredir física y verbalmente a ciertos funcionarios electorales, y un grupo de jubilados de las Fuerzas Armadas montó un espectáculo público, llamando al golpe de Estado por sus colegas en el activo, golpe que abortó cuando un generoso mago sacó de la chistera unos audios que probaban la intervención del asesor de Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, con la complicidad de algunos jefes de la Marina, en un plan para tratar de corromper a varios funcionarios electorales. Un fiscal en el Jurado Nacional de Elecciones se despuntó como un voluntarioso articulador de ese plan, pero fracasó por la entereza moral de los otros miembros de ese alto cuerpo electoral. Esta etapa finalizó con la proclamación de Pedro Castillo como ganador y próximo presidente de la República.

 

Como el baile continúa, el poder empresarial y las huestes de la corrupción han puesto en práctica un plan que les estaría ya dando resultados. No descuidan nada.

 

La historia peruana es pródiga de ejemplos.

 

Primero, estudiar al personaje. Los delincuentes dicen: estudiar al punto.

 

Luego de que Luis Miguel Sánchez Cerro se perfilara como el hombre del momento y de las decisiones, con su golpe de Estado de agosto de 1930, la oligarquía lo examinó con lupa y determinó el procedimiento a seguir con él. Era un mestizo piurano de tez oscura que, en otras circunstancias, jamás hubiera sido recibido en la intimidad de los ambientes de la casta blanca. Pero, con él, hicieron una excepción. No bien llegó a Lima, lo invitaron a sus reuniones sociales, lo trataron como a uno de ellos y pusieron a su alcance a ciertas damitas de sus círculos. Eso bastó. Se convirtió en el brazo armado de la oligarquía, aunque por poco tiempo, pues el Apra lo asesinó, en complicidad con un jefe militar que sucedió a Sanchez Cerro en la presidencia, sin tener derecho.

A Toledo, la oligarquía no necesitó estudiarlo. Ya venía corrompido.

 

Con Ollanta Humala, otro mestizo y exmilitar, el procedimiento de la oligarquía cambió. Lo sedujeron con el cuento de la gobernabilidad y le encajaron una hoja de ruta, con todo lo que debía y no debía hacer, a lo que él accedió gustoso, dejando atrás las promesas a quienes lo habían elegido. Para evitar que se repitiese el relajo de la vida de Sánchez Cerro, su esposa se instaló en el Palacio de Gobierno y, onnubilada por los halagos palaciegos, descubrió que también podía mandar y ejerció de hecho el mando, haciendo a un lado a su marido.

 

Es posible que a Pedro Castillo, la oligarquía lo haya hecho estudiar rigurosamente no bien ganó la primera vuelta. Este análisis debe de haber determinado que, golpeando fuerte, se le podía separar de Perú Libre y de Vladimir Cerrón. Y, en efecto, su prensa y su TV, más los opinólogos pretendidamente independientes, machacaron sobre ese punto y comenzaron a obtener resultados. Reconocido ya como presidente, Pedro Castillo entendió súbitamente que el poder legal de mandar le pertenece y que puede nombrar a los ministros y a otros altos funcionarios como quiera, aunque sin infringir la ley. Ya se advierte en su entorno a un sinnúmero de lambiscones de todo tamaño, expertos en colarse en los intersticios del gobierno.

 

Una cosa es la campaña electoral y otra la acción de gobierno.

 

En la campaña electoral menudearon las promesas de cambios para comenzar a eliminar las enormes desigualdades sociales, darles a todos igualdad de oportunidades, y mejorar y extender los servicios públicos.

 

Y bien, ¿cómo estima el nuevo presidente de la República que podrá hacerlo? ¿Tendrá poderes para ello?

 

De acuerdo con el ordenamiento legal, sus poderes están limitados a dirigir el Poder Ejecutivo y los servicios públicos, y no como se le ocurra, sino ajustándose a las leyes; y él, por sí, solo podrá cambiar por decreto supremo lo que le permitan las leyes. Pero no podrá dar ninguna y, mucho menos, modificar por decreto la Constitución. El proyecto de presupuesto, que es fundamental para mejorar los servicios públicos, debe tenerlo listo el Ministerio de Economía y Finanzas en agosto para ser remitido el 30 de este mes por el Presidente al Congreso de la República, quien, finalmente, decidirá cómo se gastarán los ingresos fiscales el próximo año.

 

Las posibilidades de cambio sólo pueden venir de un centro de ideas, proyectos y facultades de hacer. El partido Perú Libre está llamado a ser este centro, pero atendiendo a su realidad que, en este caso, consiste en su activo de cuadros y a la realidad del país. ¿Están suficientemente capacitados sus dirigentes para el ejercicio del gobierno? Si no los tiene, debe procurar formarlos en cargos que podrían suministrarles esa capacitación y, mientras tanto, emplear a gentes que sepan y coincidan con los propósitos de cambios en nuestro país. Se debe considerar que hay dos transiciones: una burocrática consistente en determinar el activo y el pasivo que se transfiere en cada ministerio e institución pública; y otra política. Y, en este plano, no se puede forzar la realidad para que se ajuste a lo que queremos. Es a la inversa. La transición política puede tomar algún tiempo y, mientras tanto, las realizaciones dependerán de la manera cómo procedan los representantes de Perú Libre en el Congreso de la República, de la coordinación de propósitos con el presidente de la República, y de motivar a la parte de la ciudadanía que les dio su voto y convencer a la otra parte que todavía sigue alienada por los eslóganes de sus opresores.

 

El poema de José Hernández El gaucho Martín Fierro nos da algunas enseñanzas, aparentes para este momento en el Perú.

(28/7/2021)

 

Viene el hombre ciego al mundo,

cuartiándolo la esperanza,
y a poco andar ya lo alcanzan
las desgracias a empujones;

¡la pucha, que trae liciones

el tiempo con sus mudanzas!

[…]

¡Pucha, si usté los oyera

Como yo en una ocasión

Tuita la conversación
Que con otro tuvo el Juez!

Le asiguro que esa vez

Se me achicó el corazón.

Hablaban de hacerse ricos

Con campos en la frontera;

De sacarla más ajuera
Donde había campos baldidos

Y llevar de los partidos

Gente que la defendiera.

[…]

Los hermanos sean unidos,

Porque esa es la ley primera.

Tengan unión verdadera

En cualquier tiempo que sea,

Porque si entre ellos se pelean

Los devoran los de afuera.

 

 

Martín Fierro por Juan Carlos Castagnino, Buenos Aires, EUDEBA, 1962.

 

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