Entre derechas e izquierdas

Entre derechas e izquierdas

Doce Ángulos

 

Luis M. Sánchez

 

Lo peor de la jornada electoral quizá no sean los debates, hechos a la manera de concursos de belleza, para que los candidatos no puedan completar ninguna idea seria -¿quién puede hacerlo en un minuto?-, o para que los presentadores se luzcan tratando a los candidatos como los jefes de recursos humanos tratan a los postulantes a humildes plazas burocráticas, por encargo de los dueños de la empresa.

Lo peor es la manera en que la gran prensa capitalina, de la mano con las encuestadoras, conduce la campaña electoral,  tratando que todos acepten el programa de derechas y nadie ponga un tono crítico. Por eso las preguntas a los candidatos son tan repetidas.

“¿Respetará la autonomía del BCR?” La gran prensa preferiría que el BCR se sujete a las presiones de los financistas internacionales, y que  el estado no se meta. Para ello sirve la teoría de la “autonomía” del BCR que los entrevistadores lorean, los economistas enseñan en las universidades, y los financistas privados le sacan ventaja.

“¿Apoyará la inversión privada”? Y por “inversión privada” no entienden a los millones de micro, pequeñas y medianas empresas que invierten y generan empleo, sino solo a los  propietarios de los grandes negocios capitalinos regularmente asociados a empresas extranjeras. Se quiere no solo que el estado no se meta con estos, sino que en lo posible les transfiera recursos públicos.

“¿Respetará la libertad de expresión?” Es otra pregunta de cajón con la que reclaman no que todos puedan expresarse, y nadie sea, por ejemplo, satanizado de ´terrorista´ en razón de sus ideas. Por “libertad de expresión” lo que defienden es que unas pocas familias controlen el 80% de medios de comunicación, y no hay forma de convencerlos de que eso no es democrático.

“¿Y de dónde va a sacar los recursos?”, es la pregunta dirigida con especial veneno contra los candidatos de izquierda que quieren invertir más a favor de la gente, en salud, educación o empleo. Se complacen en cambio de que el estado destine decenas de miles de millones para el “rescate” de las grandes empresas, y en ese caso no preguntan “¿de dónde van a sacar la plata?”

Y la  pregunta infaltable: “¿Venezuela es o no una dictadura?” ¿Qué tiene que ver esto con el Perú?, piensa el peruano de buen sentido. “Es que por culpa de Maduro tenemos los venezolanos”, responden; pero lo que hoy es claro son dos cosas: que Venezuela sufre por la guerra económica que le hace Estados Unidos; y que la llegada masiva de venezolanos se la debemos a PPK, quién se encargó de azuzar su salida y facilitar su ingreso.

Así trabaja a diario la prensa capitalina para encarrilar a los candidatos hacia el objetivo de que nada cambie, y la gente tiene que orientarse en medio de esas distorsiones.

Lo que no se debe subestimar es el valor de estas elecciones. Es una buena oportunidad para cerrar el ciclo de derechas que desde Morales Bermúdez no cambia sino empeora. Todo indica que el penoso trabajo de sanear el país pasa a ser el reto de la izquierda, y la oportunidad se presenta ahora con Verónica Mendoza.

 

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