JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI FRENTE A LA TRADICION NACIONAL

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI FRENTE A LA TRADICION NACIONAL

Augusto Lostaunau Moscol

El 2 de diciembre de 1927, José Carlos Mariátegui publicó, en Mundial, su artículo La Tradición Nacional, donde sostenía que:

 

Para nuestros tradicionalistas, la tradición en el Perú es, fundamentalmente, colonial y limeña. Su conservantismo, pretende imponernos, así, una tradición más bien española que nacional. Ya he apuntado en mi anterior artículo que siempre el tradicionalista mutila y fracciona la tradición en el Perú y el interés clasista y político de nuestra casta feudal
(1988: 167).

  

Todo proyecto de ‘identidad nacional’ que busca imponerse y desarrollarse en la realidad social de un país es necesariamente un proyecto político. Y, como tal, responde a los intereses concretos y objetivos de quienes lo han elaborado y sostenido. En él, necesariamente plasmarán sus intereses como clase social e, incluso, como grupo social al interior de la clase a la cual pertenecen. No es un proyecto elaborado en función de una totalidad ‘nacional’ homogénea y simétrica; por el contrario, siempre destacará su heterogeneidad y su asimetría. Y, en el Perú, debemos tener en cuenta otros factores como el centralismo y el racismo realmente existentes entre las clases dominantes.

 

Es por lo que nuestra ‘tradición nacional’ se encuentra dentro de un proyecto político de ‘identidad nacional’ que nos lleva a identificarnos como parte de la cultura y la sociedad occidental. Ya sea en su visión histórica (el pasado nuestro nace ‘con la confluencia de lo hispánico con lo andino’, supuestamente); como también en su visión paradigmática (‘el futuro del país se encuentra en el sistema capitalista’).

Por ello, Mariátegui anotó que:

 

 

Mientras ha dominado en el país la mentalidad colonialista, hemos sido un pueblo que se reconocía surgido de la conquista. La conciencia nacional criolla obedecía indolentemente al prejuicio de la filiación española. La historia del Perú empezaba con la empresa de Pizarro, fundador de Lima. El Imperio Incaico no era sentido sino como prehistoria. Lo autóctono estaba fuera de nuestra historia y, por ende, fuera de nuestra tradición…Este tradicionalismo empequeñecía a la nación, reduciéndola a la población criolla o mestiza. Pero, impotente para remediar la inferioridad numérica de ésta, no podía durar mucho”
(1988: 167).

 

Hace un siglo, en 1921, las fiestas del Centenario sirvieron para reafirmar esa ‘tradición nacional occidental’ que ha creado los grupos de poder de la clase dominante. Esas celebraciones fueron la confluencia de la visión histórica con la visión paradigmática. Personajes como Francisco Pizarro (desde su estatua ecuestre) daban la bienvenida a las nuevas avenidas con nombres de expresidentes de los Estados Unidos de América. Era una suerte de ‘continuidad histórica de la tradición nacional’. Pero, lo andino sirvió sólo que figura decorativa ocupando los espacios menores y vacíos. Esa es la relación asimétrica. Manco Cápac en las afueras de la ciudad.

Frente a ello, José Carlos Mariátegui indicó que:

 

Se puede decir del Perú lo que Waldo Frank dice de Norte América: que es todavía un concepto por crear. Mas ya sabemos definitivamente, en cuanto al Perú, que este concepto no se creará sin el indio. El pasado incaico ha entrado en nuestra historia, reivindicado no por los tradicionalistas sino por los revolucionarios. En esto consiste la derrota del colonialismo, sobreviviente aún, en parte, como estado social -feudalidad, gamonalismo-, pero batido para siempre como espíritu. La revolución ha reivindicado nuestra más antigua tradición…Y esto no tiene nada de insólito, y ni siquiera nacional no como un utópico ideal de restauración romántica, sino como una reintegración espiritual de la historia y la patria peruanas. Reintegración profundamente revolucionaria en su intención y su trascendencia”
(1988: 168).
 
El proyecto político de construir un país más allá del sistema capitalista hegemónico del mundo occidental contemporáneo determinó la reivindicación de lo andino como una forma real de rechazo al tradicionalismo colonial hispanista que se encontraba emparentado -socialmente hablando- con aquellos que proponían una “modernidad capitalista”. Es decir, El encuentro entre intelectuales adheridos a la “tradición colonial” con políticos a favor del paradigma capitalista no es casual, por el contrario, es una necesidad de ambos grupos ser -y parecer- una continuidad dialéctica. Algo así como que el futuro capitalista del Perú es “inevitable” porque somos una “nación” con una fuerte tradición occidental hispánica desde el periodo colonial. Y viceversa.

 

De la misma manera, los intelectuales adheridos a la “tradición andina” prehispánica se encuentran con políticos a favor del paradigma socialista, ya que el futuro socialista del Perú se construirá sobre las bases del colectivismo. Por ello, los denominados indigenistas tendrán cabida y espacio entre aquellos militantes del Partido Socialista de Mariátegui. Aunque, los grupos de poder al percibir dicha relación inmediatamente alentaron la formación de un partido que relacionara el camino de la modernidad capitalista con el pasado prehispánico no-andino sino norteño preinca: el Partido Aprista Peruano. Generando un conflicto entre ambos proyectos. Ya que, entre las sociedades prehispánicas norteñas, existieron formas esclavistas y de algún tipo de feudalismo.
Por ello Mariátegui sentenció que:
Cuando se nos habla de tradición nacional, necesitamos establecer previamente de qué tradición se trata, porque tenemos una tradición triple. Y porque la tradición tiene siempre un aspecto ideal -que es el fecundo como fermento o impulso de progreso o superación- y un aspecto empírico, que la refleja sin contenerla esencialmente. Y porque la tradición está siempre en crecimiento bajo nuestros ojos, que tan frecuentemente se empeñan en quererla inmóvil y acabada”

(1988: 170).

Mariátegui, José Carlos. La Tradición Nacional [1927]. En: Peruanicemos al Perú. Empresa Editora Amauta. Lima-Perú. 1988.

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