“…QUE CIEN FLORES FLOREZCAN”

“…QUE CIEN FLORES FLOREZCAN”

“… que cien flores florezcan”

 

José María Arguedas: Que se abra la quinua, no engorden los doctores y compitan cien escuelas del pensamiento (*)

 

 

Por: Ernesto Toledo Brückmann

 

Resulta evidente que los textos antropológicos o de ficción literaria de Arguedas están repletos de experiencias fácticas a partir de las cuales propone claves históricas y políticas, con un potencial crítico y cuestionador con la sociedad contemporánea peruana. Precisamente, el rol del intelectual como aportador en la cristalización de ideologías e intérprete de la realidad recibe duras críticas en su célebre poema quechua “Huk doctorkunaman qachay”, traducido al castellano “Llamado a algunos doctores”, aparecido en el diario El Comercio, 10 de julio de 1966, en la revista Kachkaniraqmi (N° 2, Lima, 1966) y en Alcor (N° 39-40, Asunción, 1966); posteriormente aparecido en el libro-poemario “Katatay”, publicado en 1972.

 

 

Para William Rowe “Llamado a algunos doctores”es una afirmación de fe y un desafío a los antropólogos académicos y, por extensión, a todos los que “han aprendido a despreciar la cultura quechua por ser ‘primitiva’ y ‘atrasada’”(ROWE, 1979)

 

Son también “doctores”- según carta de Arguedas al antropólogo John Murra (1916- 2006)- los intelectuales vanidosos que, sin tener vocación de investigación o de servicio para transmitir conocimientos a través del ejercicio riguroso de la pedagogía, buscan afanosamente acumular poder o el engañoso prestigio de las relaciones públicas (MURRA Y BARALT, 1998).

 

En “Llamado a algunos doctores” Arguedas expone las acusaciones de ignorancia, de ser un obstáculo al progreso, de inferioridad, de parte, según “dicen” de algunos doctores a quienes: “Dicen que no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor.” (ARGUEDAS, 1984: 43)

 

 

Asimismo, los acusa de “engordar”; esto es entendido como el sacar beneficio particular del área geográfica materia de su estudio. También los sindica de volverse “amarillos”, color históricamente asociado a la mentira y la traición: “Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros, doctores que se reproducen en nuestra misma tierra, que aquí’ engordan o que se vuelven amarillos.” (ARGUEDAS, 1984: 45)

 

Para Arguedas, el intelectual no alcanza a conocer la sabiduría andina: 'Saca tu larga vista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes. Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan.'(ARGUEDAS, 1984: 45)

 

Del mismo modo, refiriéndose a un doctor- ninguno en particular- ofrece su confianza y afecto, invitándolo al reconocimiento: “No huyas de mí, doctor, acércate. Mírame bien, reconóceme.” Espera que el intelectual pueda llegar al pueblo, compenetrarse con él: “¿Hasta cuándo he de esperarte? Acércate a mí.” Tiene expectativa de que no se limite a contemplar la realidad “desde arriba”: “levántame hasta la cabina de tu helicóptero.” (ARGUEDAS, 1984: 45)

 

Sin ánimo de caer en la especulación, el establecer análogos entre Arguedas y el líder chino Mao Tse Tung tendría justificación. Mientras Arguedas escribió: “Las cien flores de la quinua que sembré en las cumbres hierven al sol en colores (…) En esta fría tierra, siembro quinua de cien colores, de cien clases, de semilla poderosa. Los cien colores son también mi alma, mis infaltables ojos.” (ARGUEDAS, 1984: 43), aludiendo la variedad de culturas que forman parte del país, el múltiple conocimiento del hombre andino y la incapacidad de los intelectuales por comprender ello, en el verano de 1956 y en estilo político-poético Mao Tse Tung señaló: “Que se abran cien flores y compitan cien escuelas del pensamiento para promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra.”(TSE TUNG, 1977 tV: 463)
 
Cabe la posibilidad de que el parecido responda a la resonancia que tuvo la consigna “dejar florecer cien flores, dejar competir cien escuelas de pensamientos” (TSE TUNG, 1977 tV: 469), utilizada entre 1956 y 1957 para la Campaña de las Cien Flores, en la que Mao Tse Tung alentó la crítica intelectual y el debate acerca de los problemas políticos y económicos que aquejaban a su país.

 

Cuando el propio Arguedas señala: “Yo te invitaré el licor de mil savias diferentes.” (ARGUEDAS, 1984: 45) es que nutrirá a los intelectuales de conocimientos ignorados. La primera parte de la frase de Mao, anteriormente mencionada, suele ser recordada en Occidente a partir de la traducción incorrecta “que mil flores florezcan.”
No hay manera de saber si Arguedas tuvo la oportunidad de leer a Mao y aunque los textos de ambos personajes responden a dos episodios con diez años de diferencia, Arguedas y Mao coinciden en apelar permanentemente a imágenes ligadas a la naturaleza, semejante a la poética de raíz china y andina, además de aludir al papel de los intelectuales.

 

Resultaba lógica la desconfianza de Arguedas hacia los intelectuales radicados en Lima ya que, como se mencionó anteriormente, un año antes el IEP organizó la famosa mesa redonda entorno a “Todas las sangres” y en donde Arguedas tuvo un desencuentro con un destacado grupo de críticos y científicos sociales que asumieron que su obra no reflejaba el presente ni el futuro del país, sino que constituía un trozo de su pasado.

 

En 1965 Arguedas hizo numerosos viajes al extranjero y al interior del Perú. En enero estuvo en Génova, en un congreso de escritores, y en abril y mayo pasó dos meses, invitado por el Departamento de Estado norteamericano, recurriendo universidades norteamericanas (en Washington D.C., California e Indiana). De regresó al Perú, visitó Panamá. En junio asistió al primer Encuentro de Narradores Peruanos, realizado en Arequipa. En septiembre y octubre estuvo en Francia. Pero se dio tiempo para publicar, en edición bilingüe, su cuento “El sueño del pongo”.

 

En 1966 hizo tres viajes a Chile (en enero, por diez días, en julio, por cuatro y en septiembre por dos) y asistió, en Argentina, a un congreso de interamericanistas, luego del cual visitó Uruguay por dos semanas. Ese mismo año publicó su traducción al español de la crónica “Dioses y hombres de Huarochirí” del doctrinero hispanoperuano Francisco de Ávila.

 
 

Una mención a China que hace Arguedas fue en el poema “Iman Guayasamín” (“Qué Guayasamín”), escrito probablemente entre 1964 y 1965, dedicado al pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. Describiéndolo como “el clamor de los últimos hijos del sol, el tiritar de las sagradas águilas que revolotean Quito, sus llantos, que acrecentaron las nieves eternas, y ensombrecieron aún más el cielo.” (ARGUEDAS, 1984: 23), Arguedas dice que Guayasamín representa “el sufrimiento de los hombres en todos los pueblos; Estados Unidos, China, el Tawantinsuyo; todo lo que ellos reclaman y procuran.” (ARGUEDAS, 1984: 23).

 

Respecto al poema “Katatay” (“Temblor”), que le da nombre al poemario, se publicó por primera vez en el N° 2 de la revista Kachkaniraimi(Lima, 1966) y en el número 39-40 de Alcor (Asunción, 1966). Al pie del original Arguedas da una explicación de las circunstancias en que escribió este poema: “Escribí este himno luego de haber visto bailar a mis hermanos, hijos del pueblo de Ishua residentes en Lima.” (ARGUEDAS, 1984: 39)

 

Posteriormente, Sybila Arredondo calificó “Katatay” como uno de sus poemas más complejos y oscuros ya que en él se trata el enfrentamiento entre dos culturas. La hambrienta serpiente representa a los Estados Unidos y el sistema capitalista: “una hambrienta serpiente, serpiente diosa, hijo del Sol, dorada, está buscando hombres.” Se enfrenta a los cóndores, representantes de los nativos de América: “¡No tiembles, dolor, dolor¡ ¡La sombra de los cóndores se acerca!” (ARGUEDAS, 1984: 37)

 

La unidad resulta indispensable para la lucha contra el imperialismo: “Formen una sola sombra, hombres, hombres de mi pueblo; todos juntos tiemblen con la luz que llega. Beban la sangre áurea de la serpiente dios. La sangre ardiente llega al ojo de los cóndores.” (ARGUEDAS, 1984: 39) Para Arredondo, de esa guerra surge la liberación, la creación de una nueva sociedad y de un pueblo artífice de su destino. (ARGUEDAS, 1984: 60).

 

(*) Fragmento de la investigación titulada “Búfalos y zorros. José María Arguedas: acercamientos y desencuentros ideológicos y político partidarios”, próximo a publicarse.
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BIBLIOGRAFÌA
Arguedas, José María. Katatay. Lima: Editorial Horizonte, 1984
Murra, John y López- Baralt, Mercedes. Las cartas de Arguedas. Lima: Fondo Editorial PUCP 1998
Rowe, William. Mito e ideología en la obra de José María Arguedas. Lima: Instituto Nacional de Cultura, 1979
Tse Tung, Mao. “Discurso ante la Conferencia Nacional del Partido Comunista de China sobre el trabajo de propaganda.” En: Obras Escogidas de Mao Tse Tung tomo V. Pekín: Ediciones en Lenguas Extranjeras Pekín, 1977
Foto: José María Arguedas y los danzaq de la danza de tijeras peruana.

 

NUESTRO RECORDADO FICO GARCIA EN LA PRESENTACION DEL LIBRO DE ERNESTO TOLEDO SOBRE ARGUEDAS

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