Mentir en democracia

Mentir en democracia

Doce Ángulos

 

Luis M. Sánchez

 

Las democracias pelean en el mundo para no terminar sometidas a los poderes fácticos, así como pelean para hacer prevalecer la verdad, por que si ello no ocurre la puerta para la corrupción está abierta. Sin duda, la corrupción comienza con la mentira, pantano en el que estamos en el país desde los noventa, ¿y acaso no es esto lo que tiñe las actuales elecciones?

 

En esta segunda vuelta electoral todas las mentiras de la historia peruana parecen haberse congregado, esparcidas sin vergüenza por la prensa capitalina.

 

Algunas son mentiras a secas. Se dicen por decir, aunque se sabe que son falsas, como cuando se repite que Pedro Castillo es senderista. Otras son mentiras fabricadas. A alguien se le encarga producir una mentira y este lo hace inventando o adulterando hechos que pone en circulación sin remordimientos. Son las fake news (noticias falsas) que en los medios ganan una curiosa fama de “normales”. Por ejemplo, la acusación de “comunista” armada también contra Castillo.

 

Lo curioso con las fakes es que todos saben que son falsas, pero el maleficio de la repetición puede hacer creer que son verdaderas, y los sicólogos de la propaganda lo saben.

 

La ortodoxia la enseñan los Estados Unidos, donde el manido argumento de la “amenaza comunista” sirve a los sucesivos gobiernos, de Harry S. Truman para adelante, para cubrir sus acciones de intromisión en el resto del mundo.

 

Fue famoso el anticomunismo del senador McCarthy que se hizo casi religión en los medios norteamericanos, justo en el momento en que el ejercito rojo puso sus dos tercios de cuota para derrotar el nazismo. El 9 de mayo de 1945, las tropas soviéticas llegaron a Berlín y el mando alemán firmó la rendición incondicional en la sede del ejército soviético en Karlshorst. Europa volvía a ser libre, y el mundo se libró de Hitler gracias a los comunistas.

 

Pero eso no contuvo a McCarthy que dio al anticomunismo su nombre: el macartismo.  La “amenaza comunista” por cierto nunca fue tal. Era solo el fantasma montado para manejar a la opinión pública. Lo documenta con sobriedad el notable libro del cineasta norteamericano Oliver Stone y el historiador Peter Kuznick, La Historia no Contada de los Estados Unidos (2014).

 

La propaganda de estos días en Lima recuerda exageradamente los años del anticomunismo visceral de McCarthy. La derecha peruana se une, esta vez sin hipocresías ni delicadeces, para apoyar a la hija de Fujimori, bajo el invento del “enemigo comunista” dirigido ahora contra Castillo.

 

Hay incluso un almirante elegido para congresista que se le ocurre una “solución final” contra el fantasma comunista, que sería la misma que se le ocurrió a los militares en los años 30: prohibir a los partidos comunistas, como se prohibió también al partido aprista.

 

El almirante ostenta la representación de la marina de Grau, pero arruina la imagen del gran marino peruano cuya serenidad ideológica lo hacía entender perfectamente que no se trata de perseguir y aniquilar el aniversario a la mala, ni en la guerra. Menos en el Congreso, donde sobre todo hay que exhibir ideas y tolerancia.

 

Mentir en democracia no es entonces inofensivo. De la mentira no solo surge la corrupción sino la tentación de la intransigencia ideológica, de donde se puede pasar a la dictadura, traicionando por completo el sentido de la forma democrática de gobierno. La verdad debe triunfar.

 

 

 

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