NI PERDÓN NI OLVIDO

NI PERDÓN NI OLVIDO

A quienes estafaron al Perú y traicionaron sus ideales

 

Por: Jorge Perazzo

 

¡¡¡Que caraduras!!!,  ¿no amigo? me comentaba el taxista buscando conversación mientras seguía la ruta que waypoint le indicaba en su celular. ¿Qué le parece? Insistía el desconocido buscando diálogo.

 

Es el tema del día, quizá del mes o años. El Perú entero se siente ESTAFADO. Es la comidilla en cada familia, escuelas, barrios, sindicatos, comunidades, cada esquina, cada empresa, cada reunión social. Imperdonable la desfachatez de tal o cual imputado.  No perdonan. Ni perdonarán. Ni olvidaran.

 

No es casual. Los Valores cívicos fundamentales han sido vulnerados por años por los altos funcionarios y por fin son llevados a la justicia. Los más altos líderes políticos y judiciales han actuado siempre impunemente, con tolerancia y sin castigo. Hoy los Carhuanchos y los Perez han roto esta tradición y han generado tal confianza que explica el 85% de votos en el Referéndum.

 

 

Fenómeno social muy similar sucedió en 1968 cuando Velasco Alvarado expropio la IPC. La opinión pública celebró jubilosa el día que las FFAA hicieron justicia y tomaron Talara un 9 de Octubre reivindicando una antigua reclamación. Los años previos  el Perú vio impotente como robaban nuestro petróleo y ocupaban Talara como si fuera territorio extranjero. Años de denuncias sin eco, reclamos y protestas de los trabajadores y de los piuranos de a pie pero también de numerosos académicos y profesionales; una a una estas demandas fueron desechados por políticos de turno.  Velasco Alvarado terminó con la vergüenza y abrió un sentimiento nacional de orgullo que nunca se olvidará.

 

 

Como en aquella época, cada familia, cada peruano lo sintió en su corazón y lo comentó en su propio hogar, barrio o sindicato; vio elevar su autoestima y desarrollar esperanzas de un Perú mejor. El engaño, la usurpación, la mentira, el oprobio se castigaron con la EXPROPIACIÓN DE LA IPC con el aplauso nacional y la condena moral a los corruptos. Fue un día de reivindicación nacional.

 

El día de la Dignidad Nacional fue declarado feriado nacional para celebrar este acontecimiento y crear conciencia de que nunca el PERU debía ser estafado,  traicionado, engañado y quede impune, sin castigo.  No es casual que años más tarde se suprimió oficialmente este Día de la Dignidad Nacional. Ya sabemos lo que pasó los últimos años.

 

Hoy los profesionales, pequeños y medianos empresarios, jóvenes de las universidades privadas y hasta accionistas de empresas ven caer del pedestal a líderes de alto nivel y referentes que usaron mal el poder  concedido. Los contra-valores se han impuso  como norma en la cima del Estado y ello genera rechazo e  indignación.

 

Que la CONFIEP disfrace el aporte al fujimorismo como gesto empresarial inocuo enseña a miles de emprendedores y jóvenes empresarios a tener doble cara, hipocresía. Que el fiscal Supremo mienta y reitere la mentira enseña a niños, jóvenes y a todos que mentir es saludable “a veces”.

 

Este despliegue de anti-valores de líderes de la nación indigna doblemente. Mentir ahora es un derecho discrecional. Engañar se convierte en una práctica legítima, no ilegal. Sin castigo. Al menos hasta ahora.

 

Cuando Alan logra que prescriban los delitos que cometió es una enseñanza de antivalor de impacto mas contundente que cien horas de clase de civismo e historia en las escuelas. Impacta en cada familia. Por eso los padres y madres revientan contra estos líderes carentes de moralidad. Buscar prescripción del delito como Alan, escaparse y encima declararse víctima es una invitación abierta a la práctica delictiva, a la anti-ética y a los comportamientos anti-sociales que destruye la moral de generaciones. Y luego justifican la delincuencia por falta de policías.

 

El mismo taxista recordaba que infringir una regla en el Colegio significaba un castigo y no había excusas. Cada delito, por menor que sea, tenía sanción a veces drástica y excesiva, pero se sancionaba. “Muy pocos lo repetían la falta dos veces” decía el taxista: “aprendimos valores y respeto a las reglas y al buen comportamiento; se cumplían o sanción.” Había deberes que cumplir ineludiblemente y daba opción a derechos. Hoy los imputados tienen derechos y encima poder, pero nunca cumplieron su deber, trabajaron por el país para robar, lucrarse y tener ventajas. Y la impunidad era la regla que se autoimpusieron. Siempre han sido “vacas sagradas”.  Hoy se festeja que se haga justicia.

 
Están en el banquillo de los acusados por primera vez en largos años. Y son juzgados  plena luz del día. La satisfacción popular es justa y legitima porque hoy se rompe la tradición de impunidad y que esta vez se castigará. Por eso se parece mucho al día que se expropió la IPC norteamericana. Aquella vez se hizo justicia, los expulsamos y se recuperó la confianza nacional en sus lideres y se abrió un periodo histórico único, emancipador.

 
Ahora los corruptos son juzgados y a plena luz del día.  Ninguna escuela cívica es mejor que desnudar las formas delictivas usadas por los gestores del poder político y jurídico y señalar las sanciones que le corresponden. Mostrar las malas artes de los delincuentes y abusos del poder constituyen ejemplos vivos de comportamientos ciudadanos sancionables y condenables porque lesiona a todo el país, su honor y su confianza. Por eso bienvenida la reacción popular. Hay que alentarla.  Masificarla. Castigar los antivalores no solamente educa y transforma al ciudadano para bien, sobre todo le permite recuperar su dignidad, su autoestima y la confianza ciudadana que es un activo inmaterial invalorable, el mayor valor de los valores nacionales. Hace feliz al individuo, feliz de su pertenencia a la Nación y estimula creatividad social y desarrollo personal.

 
“se está politizando la justicia” y se está “criminalizando la política” son las consignas que repiten los imputados, sus abogados y defensores políticos del congreso. ¿Que persiguen?: que se acaben los Perez y los Carhuanchos, minimizar los hechos juzgados y evitar que siga a la luz pública, crear falsas noticias y cortinas de humo. Su esperanza es que se enfríe la ira popular, que la conversación del taxista no invada más las reuniones familiares, que no se discuta en las escuelas, sindicatos ni se formen comités anticorrupción en cada barrio, ni en los clubes y que los colegios profesionales se dediquen a lo “técnico” y que el país “vuelva a la normalidad”, se voltee la página y que haya conciliación y dialogo.

 

Es tarea hacer absolutamente lo contrario y transformar el movimiento anticorrupción que es el ideal del 85% de electores en organizaciones anti-corrupción activas y permanentes, vigilantes del proceso político sano desde cada comunidad / municipio y  que impulse la reconstrucción moral del país y abra una generación de nuevos valores, nuevos liderazgos y un nuevo DÍA DE LA DIGNIDAD NACIONAL.

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