PERU. LA IZQUIERDA EN EL GOBIERNO

PERU. LA IZQUIERDA EN EL GOBIERNO

 

Entre las experiencias del progresismo en América Latina y las singularidades peruanas

 

 

Profesor de Historia. Licenciado en Economía Política. Máster en Relaciones Económicas y Relaciones Políticas Internacionales  e Investigador Auxiliar en el Centro de investigaciones de la Economía Mundial de Cuba.

José Ángel Pérez García,

 

Perú está enfrascado en un proceso de cambios sociales, políticos y económicos -hasta donde le sea posible llevarlos- de la mano del recién estrenado presidente Pedro Castillo Terrones, quien tomó posesión del cargo el 28 de julio de 2021 con el 50, 126 % de los votos  frente a 49, 874 %  de la representante neoliberal Keiko Fujimori en el balotaje del 6 de junio (ONPE, 2021). Este hecho está ratificando la tesis de Hernán Darío Ouviña sobre la vigencia del Ciclo de Impugnación Neoliberal en América Latina (Cinal) (Ouviña,  2020).

 

 

 

Más allá de discrepancias y/o coincidencias con el término ciclo desde lo académico y lo semántico, asumo ese concepto como marco teórico válido a los efectos de este trabajo, con el objetivo de no distraer a los lectores en disquisiciones teórico conceptuales que no son su objetivo central.

 

El complejo ciclo de impugnación neoliberal en América Latina se abrió a inicios del presente siglo con el proceso bolivariano en Venezuela y fue alimentado significativamente por otros países como Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, el Salvador e islas caribeñas como San Vicente y las Granadinas, Dominica y Antigua y Barbuda, lo que es expresión del acumulado de fuerzas en la lucha social y política de esos pueblos y de la crisis de la doctrina neoliberal en esa región del mundo.

 

Si bien es cierto que desde 2015 ese ciclo político ha registrado derrotas y retrocesos([1]), y no pocos autores de la derecha consideraron que se cerraba, otros procesos progresistas y de izquierda resistieron la ofensiva de la derecha neoliberal (Venezuela, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas, Dominica y Antigua y Barbuda) y varios pueblos retomaron la impugnación del neoliberalismo vía electoral. Tales son los casos de Argentina que fue capaz de echar del gobierno al neoliberal Mauricio Macri (noviembre de 2015). México eligió como presidente a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) (julio de 2018), el pueblo boliviano se repuso del golpe de estado  contra el presidente Evo Morales y rescató el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) (octubre de 2021) y, mas recientemente, el pueblo peruano ha dado una significativa bocanada de aire fresco a ese ciclo.

 

No soy peruano, aunque amo la rica historia de Perú, la cultura peruana, los aportes de José Carlos Mariátegui al pensamiento marxista, el martirologio de Leoncio Prado quien defendió la causa cubana  contra el colonialismo español en la Isla y mas recientemente  -últimos 60 años- reconozco la solidaridad de lo más noble del pueblo peruano hacia la revolución cubana.

 

Pero no ser peruano para escribir algo sobre el actual proceso que vive Perú, me podría colocar en cierta desventaja porque no tengo las vivencias del día a día político. Sin embargo, tengo otras fortalezas que me permiten hacerlo con decencia académica y tino político; 1) soy Licenciado y Maestro desde 1980 en el área de las Ciencias Sociales y Humanísticas. 2) He participado durante más de 60 años en uno de los procesos más álgidos de lucha de clases en Latinoamérica (la revolución cubana). 3) tengo 46 años de experiencia como profesor en las Ciencias Sociales en el nivel medio y superior([2]) en Latinoamérica y algunos de Europa. 4) estoy especializado en temas de Latinoamérica y el Caribe desde 1996 en uno de los centros de investigación más prestigiosos de Cuba([3]) y 5) soy respetuoso de la soberanía de los pueblos.

 

Haber estudiado a fondo los procesos del Cinal durante algo más de 20 años -y en algunos casos haber aportado experiencias- me permite ver un poquito más allá del día a día lo que puede estar delante -y principalmente lo que está detrás- de las políticas de la derecha, así como los límites y fortalezas de los procesos progresistas y de izquierda en América Latina y el Caribe.

 

Nunca he aspirado a dar lecciones -mucho menos recetas- a nadie, mucho menos a Perú en el momento histórico que vive ahora. No sería atinado hacerlo en lo académico porque cada proceso del Cinal tiene singularidades históricas, culturales, étnicas, sociales, económicas y políticas que no se deben desconocer y ocurre en un contexto internacional muy volátil. No obstante,  no estoy ajeno al gran simbolismo que significa que el bicentenario de la independencia de Perú fuera del pueblo.

 

Mas de tres lustros de progresismo e izquierda en los gobiernos en doce países de nuestra región antes del actual proceso peruano([4]) en los que ha habido éxitos, satisfacciones e insatisfacciones, límites, errores, contradicciones y hasta fracasos, ha dejado algunas claves válidas no para copiarlas, sino para analizarlas.

 

Es esencialmente sobre esto, lo que quiero dejar escrito al pueblo peruano que vive hoy un proceso inédito e importantísimo para sí y para América y asumo  la responsabilidad de lo que escribo.

 

 LA IMPORTANCIA DE DESLINDAR CONCEPTOS

 

Sin ánimo de hacer de este trabajo un rosario de términos académicos, no pocas veces inentendibles para el común del pueblo, tampoco es pertinente hacer caso omiso a un  “timón teórico” básico que estabilice el rumbo de este análisis. Por eso se hará uso de la teoría hasta tanto sea estrictamente necesario

 

Lucha de clases

 

Lo que deja la experiencia de los procesos progresistas y de izquierda en Latinoamérica y algunas islas Caribe, incluida Cuba es que se trata de lucha de clases.  Quizás no la clásica lucha que definieron los clásicos del Materialismo Dialéctico e Histórico en el siglo XIX, o sea, la confrontación burguesía-proletariado, sino que ahora esa confrontación -que no ha dejado de existir- es enriquecida por la lucha del campesinado, intelectuales, estudiantes, mujeres, ambientalistas y los segmentos sociales discriminados por conceptos de género, credo, etnia y orientación sexual.

 

En Perú hoy se siente la presión de la lucha de clases. No es nada casual la persistente impugnación de los resultados electorales del balotaje por la derecha fujimorista que demoró por más de 40 días la proclamación oficial de la victoria del presidente electo desde el 6 de junio, ni tampoco lo apretado de la votación entre un bloque claramente popular y otro claramente capitalista.

 

Así mismo, las maniobras de boicot de la derecha en el parlamento peruano en torno a otorgarle el visto bueno al gabinete del presidente es expresión de la puja social y política. ¿Qué si no lucha de clases fue la arremetida de la derecha contra el canciller Héctor Bejar?.

 

Neoliberalismo y capitalismo

 

En Latinoamérica las luchas contra el neoliberalismo le han dado a los pueblos un acumulado de fuerzas sociales, organizacionales y políticas que le han permitido impugnar a ese modelo de acumulación económico social, lo que no necesariamente significa antagonizar al capitalismo como sistema y modo de producción. Impugnar al modelo de acumulación económica capitalista, no es lo mismo que antagonizar al sistema.

 

Si bien la doctrina neoliberal, y en particular el neoliberalismo como patrón de acumulación económica, es parte consustancial de capitalismo actual, no son conceptos idénticos.

 

El capitalismo es una formación socio económico-social y política conformada por una base económica y una superestructura jurídico política conformada por el estado burgués, las leyes, los medios de comunicación oficiales, los conceptos ideológicos y políticos y los aparatos represivos, y el neoliberalismo un modelo de acumulación en lo económico.

 

Esto deja claro que la impugnación al neoliberalismo, no necesariamente lo es contra el capitalismo, aunque sí se pueden aplicar algunas políticas desde el gobierno aunque sea democrático burgués que tomen distancia de las peores consecuencias sociales -y algunas políticas- de ese modelo de acumulación como combatir la pobreza, la inequidad, la informalidad en el tema del empleo, distribuir la riqueza nacional de forma más justa y rescatar la soberanía nacional de la voracidad trasnacional. Todas estas políticas no son un dato de poca importancia aunque no adversen al sistema capitalista.

 

A juzgar por los discursos del presidente Castillo y las coordenadas principales del gobierno que él preside, el proceso peruano impugnará en todo lo posible al neoliberalismo, no necesariamente al capitalismo.

 

Gobierno y poder

 

El acumulado de fuerzas sociales y políticas que los pueblos alcanzan en las luchas de impugnación al neoliberalismo, devienen de hecho  en poder popular que es una de las más importantes cuotas de poder -no la única- que disponen los procesos progresistas y de izquierda. Pero no se debe desconocer que la burguesía -local y trasnacional- permanece empoderada en tanto dominan el poder económico, el poder jurídico-político (la Constitución de la nación y todo el cuerpo legal que la acompaña), el poder mediático, el poder militar y hasta un quinto poder, si bien medio escondido a veces pero muy beligerante que también favorece a la derecha; los sectores más conservadores de la religión evangélica, que no son pocos en Latinoamérica y Perú no debe ser la excepción.

 

No debe identificarse por los pueblos que son los protagonistas principales de procesos políticos como el de Perú actual, el arribo al gobierno con el control del poder.

 

La burguesía nunca, ni en ningún lado ha entregado el poder por vía electoral. Su sistema político no está diseñado para eso, a pesar de la crisis que atraviesa. Hay un solo país en Latinoamérica y el Caribe donde  la burguesía y la oligarquía internacional perdió el gobierno y también el poder desde 1959 y fue por la vía armada revolucionaria. Ese país es Cuba.

 

El presidente Castillo dispone de determinadas cuotas de poder político que le otorga la Constitución del país, y como ya escribí dispone del poder popular que ha alcanzado el pueblo en sus luchas antineoliberales, pero no necesariamente dispone al día de hoy de las otras expresiones del poder en la nación.

 

Esto debe ser bien ponderado a la hora de pedirle realizaciones al presidente, que no siempre podrá llegar hasta donde lo desearía él mismo, su equipo de gobierno y el pueblo, y también a la hora de evaluar lo que se va alcanzando que no siempre se logra todo, ni lo que se logra se alcanza siempre a la velocidad y la profundidad que se desearía porque transcurre como regla en un contexto que le pone límites.  De momento, señalaría tres límites; la democracia burguesa representativa, la economía de mercado y los instrumentos de dominación imperialistas([5]).

 

Las asimetrías en el asunto del poder entre el gobierno progresista y la burguesía, no significa una derrota anunciada, pero sí anuncia una fuerte lucha política entre el gobierno, que con las cuotas de poder que dispone, tiene que enfrentar a todo un sistema de poder que conforma el capitalismo.

 

Incluso en esas condiciones, hay que ver si la Constitución vigente en el país valida el llamado a una Asamblea Constituyente o sólo la reforma constitucional, pero en cualquier caso es esencial alimentar bien el poder popular, reorganizarlo y concientizarlo para ir más allá de la lucha electoral, y los tomadores de decisiones se retroalimentan suficientemente de el. Con esos dos premisas hasta se puede evaluar el llamado a una Asamblea Constituyente y modificar la Constitución del país, lo que sería un logro importantísimo en tanto le daría algunas otras cuotas de poder jurídico y político al mandatario, y le permitiría montar el proceso de cambios sobre rieles jurídico-políticos funcionales a sus metas.

 

Realismo, medición y credibilidad

 

Experiencias del progresismo y la izquierda sugieren la pertinencia de proponerse metas que puedan ser alcanzadas y medidas en el contexto de lucha que se tiene delante. Evitar las metas grandilocuentes, las alianzas estériles -no las alianzas necesarias y productivas aunque a veces sean dolorosas-, los idealismos y los discursos populistas, que si bien llaman al aplauso momentáneo, al no logarse devienen escepticismo político y deterioro de las cuotas de poder que se disponen.

 

Perú podría concentrar sus propuestas progresistas y de izquierda en tres áreas fundamentalmente; la social, la soberanía nacional y la política internacional.

 

Combatir hasta donde sea posible la pobreza, la inequidad, la altísima informalidad en el empleo, mejorar el acceso a la salud y la educación para todos los peruanos son metas de alto calado político, no son nada fáciles de alcanzar y lo que se logre le aportaría buenas cuotas de credibilidad el ejecutivo del presidente. Probablemente el núcleo duro de sus políticas sociales sea la Rentabilidad Social que el presidente viene enfatizado desde la contienda electoral.

 

La batalla contra la Covid 19 que no se puede obviar, es ya una prueba de fuego para la gestión gubernamental de Castillo, máxime que Perú registra los peores números de la pandemia en América, y a nivel mundial y es uno de los epicentros pandémicos.

 

Al 31 de agosto la Organización Panamericana de la Salud (OPS) reportaba 2,1 millones de casos confirmados de esa enfermedad desde su inicio con 198 263 fallecimientos, lo que representa una tasa de letalidad de 9,2 % (PAHO, 2021) que es la más alta de las Américas. A esa fecha la letalidad en las Américas era de 2,5 % y a nivel mundial de 2,0% (Pérez, 2021 a).

 

Rescatar la soberanía nacional después de una herencia entreguista neoliberal de más de 30 años, que casi puso al país de rodillas frente a las trasnacionales y los imperialismos de hoy, es una gran apuesta y darse un lugar decente en el concierto de naciones del muy convulso y complejo mundo actual sería todo un éxito.

 

Uno de los principales aportes del gobierno progresista presidido por Evo Morales fue alcanzar las metas económicas, sociales y políticas que se propuso, medirlas en todo lo que era posible, publicarlas por sus entidades estadísticas nacionales oficiales (Instituto Nacional de Estadísticas de Bolivia) y tributarlas a entidades internacionales como la CAN, la Cepal, el Banco Mundial y el FMI. Todo lo alcanzado que era susceptible a medición fue fue medido y publicado.

 

El presidente Morales que hasta llegó a declarar que era marxista y el Movimiento al Socialismo (MAS) que era el brazo político que lo acompañaba, -y lo sigue siendo- pudieron haber querido expropiar los medios de producción privados e impulsar el avance hacia el socialismo, pero las condiciones objetivas y subjetivas con las que contaban no se lo permitían y le daba más dividendos nacionalizar los hidrocarburos, cambiar las relaciones económico-financieras entre el estado boliviano y las empresas trasnacionales de manera que dejaran más ingresos fiscales a la nación para distribuir de manera más justa -o al menos, menos injusta- la renta nacional en el país.

 

Si bien Morales encontró un entorno económico internacional más favorable que el actual, porque la economía mundial crecía a tasas por encima de 3,0% hasta 2018 (IMF, 2021), el comercio mundial creció 26 % entre 2008 y 2018 (OMC, 2018) el mundo danzaba al compás de los superprecios de las commodities (productos básicos)  hasta 2013 y los términos de intercambio eran como promedio más favorables (96,47) (Pérez, 2021) en comparación con 2020 (93,0) (Cepal, 2020), si bien se deterioraron gradualmente desde ese año, de todas formas el gobierno del presidente Morales hubiese alcanzado buenos resultados en el entendido -sin ser perfecto- describía ya a esa fecha el mejor balance macroeconómico, social y político de la historia de Bolivia.

 

En 2012 el PIB de Bolivia crecía a una tasa de 5,1 % (Cepal, 2017), la pobreza había bajado de 62 % en 2006 a 43,3 % y la pobreza extrema estaba en 21,6 %  y el índice Gini (mide la desigualdad social) había bajado de 0,61 (entre los mas altos de América Latina) a 0,49 (Cepal, 2017 a). Venezuela a esa fecha (dos sexenios de proceso bolivariano) la economía crecía 5,6 % (Cepal, 2017) y había rebajado la pobreza de más de 40 % en 1999 a 21,2 % y la pobreza extrema estaba a un nivel de 6,0 % en 2012. El Índice Gini había bajado de 0,50 a 0,40 (Cepal, 2017 a).

 

Esos resultados constatados por las poblaciones de ambos países explican en el primer caso como el pueblo boliviano se opuso al golpe de estado contra el presidente Morales en 2019 y tan pronto pudo ejercer su voto expulsó al gobierno de facto (2020) y repuso al MAS, y en el segundo el respaldo político del electorado venezolano al presidente Hugo Chávez.

 

En mi opinión otro de los aportes más importantes que hace el bolivarianismo venezolano es la sólida alianza cívico-militar que se ha logrado estructurar en ese país.

 

No fue así en Bolivia donde la alta jerarquía militar y policial dejo hacer a las turbas fascistas que  desconocieron los resultados electorales que le daban la victoria el presidente Morales en octubre de 2019 con total intencionalidad;  desestabilizar el país, y fueron esas entidades constitucionales concebidas para defender la ley y el orden constitucional las mismas que lo presionaron a abandonar la presidencia, e incluso ahora se sabe que hasta apuntaban en la pista del aeropuerto con lanzacohetes al avión de las Fuerzas Armadas Mexicanas que acudió en rescate del presidente Morales. ¡ Estad alertas !.

 

Brasil también demostró la importancia de proponerse metas cumplibles y medibles. Solo un ejemplo; al cierre del segundo mandato del presidente Luis Inacio Lula da Silva (2010) el programa Hambre Cero había garantizado  desterrar el hambre a  28 millones de personas (Da Silva, 2013).

 

En esto de medir resultados a nivel nacional, tributar a las instituciones internacionales que hacen reportes subregionales (la Comunidad Andina de Naciones); entidades continentales (Cepal) y mundiales (FMI, Banco Mundial entre otros), Perú tiene un buen camino ya transitado pues su Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) tiene buen prestigio a nivel internacional.

 

Progresismo, democracia burguesa y economía de mercado

 

Otros procesos de este tipo en Latinoamérica enseñan que las metas del progresismo y la izquierda excepto el caso de Cuba que hizo -y continúa enfrascada en llevar adelante- una revolución socialista, marchan en los marcos de dos de las más importantes coordenadas de gobernabilidad democrático-burguesa, o sea,  la democracia burguesa representativa y la economía de mercado. Ninguna de esas dos coordenadas se modifican sino se ataca a fondo al sistema capitalista.

 

Hasta donde conozco por el discurso del presidente Castillo y las líneas principales de su programa, su gobierno “correrá” por esos dos carriles.

 

Su gobierno no es socialista, mucho menos comunista([6]), pues el presidente Castillo nunca se ha propuesto abolir la propiedad privada sobre los medios de producción, mucho menos socializarlos, ni instalar ningún tipo de dictadura, menos aún la dictadura del proletariado aunque ya hayan corrido chorros de tinta en la prensa escrita, miles de horas en radio y televisión -dentro y fuera de Perú- y probablemente se hayan gastado miles de bytes en las redes sociales tildándolo de socialista o comunista para intimidar al pueblo, a la clase media y otros sectores sociales que en la puja electoral estaban dispuestos  a darle el voto en el balotaje.

 

Tampoco hay evidencias de que el presidente Castillo esté por construir un modelo económico y político alternativo al capitalismo, aunque haga uso del poder que dispone en los marcos de la Constitución vigente para cambiar algunas prácticas de la ortodoxia neoliberal que han sido negativas para el país.

 

Socialismo y comunismo en Perú ahora son  fakenews, o sea, las mentiras, tan viejas e indecentes como el sistema mismo, pero muy funcionales a sus metas en tanto saben usar muy bien tanto los medios masivos de comunicación tradicionales, como las redes sociales para instalar matrices de opinión funcionales a sus intereses.

 

Fakenews, verdades a medias, manipulación, chantaje, cooptación, clientelismo político, linchamiento mediático etc. van a continuar siendo armas de la derecha en la actual lucha de clases en todas partes, incluido Perú.  ¡ Estad alertas.!.

 

Es obvio que el nuevo gobierno tiene que estructurar algunas claves para la acumulación económica y hacer sostenible sus políticas sociales, pero no es socialismo, ni comunismo.

 

En todo caso se irá estructurando hasta donde sea posible y con arreglo a las singularidades peruanas un “modelo económico” que a la vez que trataría de tomar distancia de los peores costos del neoliberalismo, podría asumir elementos de probada valía de tipo neokeynesiano, neodesarrollista y liberal- burgués.

 

El componente neokeynesiano se expresaría fundamentalmente en un rescate gradual de las funciones del Estado democrático burgués como agente inductor del desarrollo. Esas funciones son Estado empresario; Estado empleador; Estado regulador y Estado como sujeto asignador de recursos. Estas funciones del estado  daría lugar a una fórmula flexible que Perú adecuaría a su estructura económica y a las metas del gobierno actual que responde a la tesis de “tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”.

 

El componente neodesarrollista reviviría en lo posible las mejores experiencias de la corriente desarrollista de pensamiento económico latinoamericano del decenio de los años 70 entre las cuales destaco los proyectos económicos con compromiso de nación, la defensa del mercado interno, el rol regulador del Estado sin que eso signifique desconocer la propiedad privada sobre los medios de producción, ni el mercado capitalista, así como determinada transformación productiva con dimensión social (equidad) y ambiental y un nivel de integración que refuerce los intereses latinoamericanos.

 

El liberalismo burgués se expresaría en la retoma de las claves de esa corriente de pensamiento económico capitalista que representó un avance significativo en el desarrollo de las fuerzas productivas en el mundo.

 

El “modelo económico” que sólo he pincelado -y que tampoco es tan sencillo estructurarlo- parecería lo mismo que el neoliberalismo, pero no es exactamente así.

 

El neoliberalismo achica -y hasta aniquila- las funciones del Estado como agente inductor del desarrollo y le da al mercado total hegemonía en la acumulación económica. El modelo neokeynesiano-neodesarrollista rescata las funciones inductoras del Estado como agente del desarrollo de las fuerzas productivas, sin aniquilar el mercado y lo hace con dimensión social y laboral porque le interesa mejorar el empleo para incrementar la demanda solvente de los consumidores y que estos puedan acceder más y mejor al mercado, a los créditos de la banca, reproduciendo así las ganancias de la red de bancos y empresas comerciales a las que accederían más clientes.

 

El neoliberalismo implica un nivel de apertura del mercado interno a los agentes trasnacionales cuya competencia destruye a los agentes económicos que invierten en procesos económicos con compromiso de nación. En el curso de los tres decenios de neoliberalismo Perú ha puesto en vigor mas de 9 Tratados de Libre Comercio que involucran a algo mas de 30 países de América, Europa y Asia. Un modelo alternativo a este ponderaría el nivel de apertura del mercado peruano, y se proyectaría por protegerlo mejor de la competencia trasnacional sin aspirar a un paternalismo estatista que podría no dar la mejor eficiencia económica.

 

El neoliberalismo ha implicado un tipo de relaciones internacionales estatales económicas y políticas que ha subordinado a la nación peruana a los intereses cardinales de los grandes centros hegemónicos imperialistas (Estados Unidos, La unión Europea).

 

Hay muchas expresiones de esa subordinación pero en aras de la síntesis destacaría sólo dos, una económica y otra política; los TLC ya mencionados y la incorporación de las empresas peruanas a las cadenas globales de valor capitalistas en la cola, o sea, donde menos ganancia dejan a la nación y el Grupo de Lima que sirvió para hacerle el trabajo sucio a la OEA contra un país latinoamericano soberano, o sea, Venezuela.

 

No es casual que una de las primeras decisiones de política exterior del presidente Castillo en el año del bicentenario de la independencia para más coincidencias, haya sido abandonar ese Grupo y liberar a la nación peruana de la ignominia que significa hacerle el trabajo  sucio  a nadie.

 

Una política diferente al neoliberalismo rescataría en primer lugar la soberanía peruana, el respeto a la soberanía de los pueblos y las naciones y construiría integración con todos los países que sea posible, pero no injerencia.

 

Perú no es ningún imperio y no necesita para nada intervenir en los asuntos internos de otros países. En todo caso necesita más intercambiar, dialogar, cooperar con sus vecinos más cercanos -y más allá de esos hasta donde sea funcional- en lo político, lo económico, lo ambiental y los temas de seguridad regional, que injerir en la soberanía ajena.

 

Entonces, si la meta en lo económico y lo social no es socialismo, ni comunismo, y se intuye que sea un modelo neokeinesiano, neodesarrollista liberal burgués, trabájese con coherencia en esa cuerda.

 

Esa coherencia se expresaría en una estabilidad macroeconómica que sin ser rehén de ese tipo de equilibrios en detrimento de lo social y lo ambiental  -lo que es propio del neoliberalismo- envíe señales de estabilidad macro y garantía de las ganancias a los inversionistas y a los empresarios locales y trasnacionales que asuman las reglas del nuevo gobierno.

 

Por el lado del capital esto se traduciría en preferenciar la gestión del empresariado público y privado, nacional y extranjero que, en las dos grandes esferas de la economía -la producción y la circulación-, estén dispuestos a emprender procesos de acumulación que tengan compromiso con el desarrollo de las fuerzas productivas de la nación; diseñar políticas fiscales y monetarias que impulsen esos emprendimientos; políticas de acceso al crédito público y privado a esos agentes económicos, instrumentos jurídicos y económicos que defiendan a los exportadores e importadores peruanos de la voracidad trasnacional, lo que no significa aniquilar el lugar de esas empresas, sino rebajarle el nivel de la voracidad, e ir cerrando las brechas al burocratismo y la corruptela que tanto daño hacen a la eficiencia económica.

 

Por el lado de los consumidores trabajar en mejorar la calidad del empleo, la remuneración salarial y la tasa de cambio de la moneda nacional para multiplicar su capacidad adquisitiva y mejorar el acceso al mercado. A los segmentos mas vulnerables de la sociedad imposibilitados de acceder al mercado de trabajo, dirigirles algún tipo de subsidio público que a la vez que le mejore su situación económica y social, también le abra mejores oportunidades de acceso al mercado doméstico.

 

Sin profundizar mucho en las experiencias de otros países que han tenido gobiernos progresista y de izquierda, ni asomar siquiera la idea de que Perú copie de nadie, es sugerente el hecho de que al presidente Morales, un indio, líder comunitario y sindical, sin título universitario, ni academia, en uno de los países más pobres de Latinoamérica y entre los dos más pobres de Sudamérica (el otro más pobre es Paraguay) al momento de asumir el progresismo como forma de gobierno, con discurso y praxis popular antimperialista, la derecha no pudo sacarlo del gobierno por vía electoral, sino únicamente mediante un golpe de Estado. ¿Será eso casual?.

 

En la República Bolivariana de Venezuela, un líder político militar que hasta lideró un movimiento insurreccional (Movimiento Bolivariano 200), o sea, Hugo Chávez, cuyo discurso  y varias acciones prácticas fueron popular-democrático-antimperialistas en un país rico en recursos naturales estratégicos -especialmente petróleo- de marcado interés geopolítico y geoeconómico para el imperialismo, tampoco la derecha pudo sacarlo del gobierno, ni por el golpe de Estado y el paro petrolero de 2002, ni por vía electoral, sino por la vía de un cáncer inducido mediante Nanotecnología([7]). Tampoco han podido expulsar al presidente Nicolás Maduro ¿Será eso casual?.

 

Y no me digan que en ninguno de los dos países se comete fraude en las sucesivas elecciones a las que se expusieron esos líderes y que fueron muchas. En el caso de Venezuela la tecnología digital sobre la que está montado todo proceso electoral y refrendario en ese país, no admite la posibilidad de fraude, reconocido así por entidades y observadores internacionales nada afines con el bolivarianismo venezolano.

 

Tampoco es válida la tesis de que el gobierno bolivariano desconoce la voluntad popular cuando pierde una contienda electoral. Eso quedó probado  por ejemplo el referendo para la reelección presidencial que el presidente Chávez perdió en 2007 y las elecciones legislativas de diciembre de 2015 que ganó la derecha.

 

En Bolivia, ya va quedando claro que tampoco hubo fraude en la elecciones de octubre de 2019 cuando la azonada fascista permitida por los altos mandos militares y la policía desestabilizó el país y fue defenestrado el presidente Morales, quien de paso sea dicho también aceptó la derrota en el referendo de 2016 sobre la modificación constitucional que legitimaría la reelección.

 

Si otros pueblos de nuestra América pudieron defender en las urnas a sus gobiernos progresistas y de izquierda ¿por qué no lo podría lograr el pueblo peruano?.

 

PODER BURGUES OLIGARQUICO Y POTENCIAL DESESTABILIZACIÓN

 

Ya he afirmado que en el proceso de impugnación neoliberal en nuestra región, la derecha está empoderada y beligerante. En el caso peruano esa beligerancia  ha registrado algunos reveses, siendo hasta ahora el mas importante no haber podido ganar la puja electoral al presidente Castillo, pero eso no significa que no usará todas las expresiones de poder que tiene para obstruir su gobierno

 

La lucha política se ve ya en el Congreso y a ese nivel deben escenificarse hacia adelante desde escaramuzas hasta batallas campales. La derecha en su conjunto tiene suficientes curules como para entorpecer la gestión del presidente Castillo  con Fuerza Popular, el partido que respalda a Keiko Fujimori con 24 escaños (JNE, 2021) lo que sugiere que se va a tener que concertar alianzas.

 

Una de los primeros encontronazos fue al otorgarle el visto bueno al gabinete del presidente, pero eso va a continuar en la medida que vaya gobernando. Debe tenerse en cuenta que a ese nivel de gobierno Perú Libre, que es el partido que respalda al presidente tiene una buena representación (37 escaños) (JNE, 2021), pero no mayoría

 

La confrontación entre el poder de la derecha y el nuevo gobierno, no tiene necesariamente contenido contrarrevolucionario porque en Perú hasta ahora no está planteada una revolución social, pero si tiene -y tendrá- contenido desestabilizador (que para el caso significa casi lo mismo) y  es de esperar que la desestabilización sea múltiple, o sea, desestabilización económica que devenga desestabilización social, crisis de gobernabilidad, crisis política y apelación a la vacancia presidencial, muy a la usanza peruana en los últimos años.

 

En la dimensión económica la derecha tiene el control del poder tanto en la esfera de la producción (industria, construcción, sector agroalimentario, energía, minas y servicios ligados directamente a la producción)  como en la esfera de la circulación que abarca fundamentalmente la red comercial y de servicios y la banca.

 

En otros países que también han impugnado al neoliberalismo en Latinoamérica la derecha ha desestabilizado los gobiernos progresistas y de izquierda en la dimensión económica apelando al boicot en la producción de bienes y servicios, a una crisis de oferta que derive desabastecimiento del mercado interno, deterioro del poder adquisitivo y de los ingresos reales de los consumidores,  inflación inducida y daño al valor real de la moneda nacional.

 

Un escenario de ese tipo en Perú -hipotético hoy, pero no descartable hacia adelante-  encarecería la tasa de cambio del dinero nacional respecto de las divisas internacionales y tendría implicaciones para todos los agentes económicos del país; los productores, los exportadores e importadores, el comercio doméstico, los consumidores y las operaciones cambiarias y bancarias.

 

Estrategias de este tipo fueron ya aplicadas en Chile cuando el gobierno de la Unidad Popular presidido por el presidente Salvador Allende. También en Nicaragua cuando el primer gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (1979-1990) en combinación con la guerra sucia en ese país centroamericano, pero en ambos casos con éxito para los fines desestabilizadores de la derecha.

 

También han sido aplicadas a Venezuela y a Cuba en ambos casos combinadas con férreo bloqueo económico de los gobiernos de EEUU  y otras formas de presión política desde ese propio país y la Unión Europea, pero sin el éxito esperado, aunque sí ha implicado serías presiones, distorsiones económicas y altos costos para ambos países.

 

Si bien no se ve en el horizonte inmediato que Perú vaya a ser objeto de bloqueo económico como Cuba y Venezuela, ni de guerra socia como el caso de Nicaragua en el período señalado, sí puede ser objeto de desestabilización económica desde dentro y desde fuera, y es pertinente primero saber que eso puede ocurrir y segundo tratar de prepararse para enfrentar un escenario de ese tipo.

 

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  y, obviamente,  hubo confrontación con la derecha.” text_color=”#fa0f0f” width=”” line_height=”undefined” background_color=”#e8aeae” border_color=”” show_quote_icon=”no” quote_icon_color=””]

 

 

La diferencia entre la derecha que contendió con los militares y la que confronta ahora al presidente Castillo es que aquella tenía miedo a las fuerzas castrenses y no disponía del poder militar y la de ahora está envalentonada, es pragmática -un calificativo quizás demasiado benévolo para lo que es capaz de hacer- y se sabe con poder. ¡ Estad alertas !.

 

EL CONTEXTO EN EL QUE TRASNCURRE LA GESTIÓN DEL PRESIDENTE CASTILLO

 

Una singularidad -no favorable al menos por el momento- que acompaña la gestión del presidente peruano es la grave situación económica, social y política global agravada por la pandemia de Covid 19, cuyos impactos al interior de la nación están siendo también muy duros. Ese contexto es distinto al que encontraron los otros procesos progresistas y de izquierda en nuestra región en los primeros tres lustros del presente siglo.

 

Antes de la pandemia ya se había cerrado el ciclo de los superprecios de las commodities (desde 2013) y si bien los precios de los productos básicos que exportan los países latinoamericanos -excepto los energéticos- se habían recuperado algo hacia octubre de 2020([9]),  no eran tan favorables como hasta 2013.

 

La economía mundial estaba en franco proceso de desaceleración desde 2011 y a octubre de 2019 la directora ejecutiva del FMI dijo  que  la economía mundial estaba en un período de “desaceleración sincronizada” (Georgieva, 2019). En 2020, la pandemia catalizó esa tendencia y la economía mundial cayó -4,4 % (IMF, 2020).

 

En Latinoamérica la situación económica venía desacelerándose  desde 2011, registró dos años consecutivos de caída por debajo de cero y alcanzó en promedio entre 2017 y 2019 tasas de crecimiento por debajo de 1 % (Cepal, 2020). La pandemia vino a agravar una situación económica y social que ya estaba en franco declive.

 

Gráfico No. 1

CRECIMIENTO DEL PIB EN AMERICA LATINA Y EL CARIBE ENTE 2020 Y 2020

(%)

FUENTES: Cepal.  Balance Preliminar de las Economías de América Latina y

el Caribe. Santiago de Chile, 2015 y 2020.

 

La Cepal describe así la situación económica de Latinoamérica antes de la pandemia. “Antes de la pandemia, la región ya mostraba un bajo crecimiento económico: en promedio un 0,3% en el sexenio 2014-2019, y específicamente en 2019 una tasa de crecimiento del 0,1%. Con la llegada de la pandemia, se sumaron a ese bajo crecimiento económico los choques externos negativos y la necesidad de implementar políticas de confinamiento, distanciamiento físico y cierre de actividades productivas, lo que hizo que la emergencia sanitaria se

materializara en la peor crisis económica, social y productiva que ha vivido la región en los últimos 120 años, y en una caída del 7,7% del PIB regional. Dicha contracción ha venido acompañada de un aumento significativo de la tasa de desocupación, que se prevé en torno al 10,7%, una profunda caída de la participación laboral y un incremento considerable de la pobreza y la desigualdad” (Cepal, 2020).

 

En Perú, si bien el crecimiento del PIB entre 2010 y 2018 resistía los embates de la desaceleración económica tanto del mundo como de Latinoamérica a punta de ajustes neoliberales con altos costos sociales y políticos y lacras como la corrupción,  hacia 2019 era evidente la vulnerabilidad económica y en 2020 fue la debacle.

 

Gráfico No. 2

COMPORTAMIENTO DE LA ECONOMIA PERUANA ENTRE 2010 Y 2020

(%)

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FUENTES: Cepal.  Balance Preliminar de las Economías de América Latina y

el Caribe. Santiago de Chile, 2015 y 2020.

 

En 2021 las tendencias de la economía peruana son reflejadas por el Instituto de Estadísticas e Informática (INEI) de  ese país. El Informe Técnico del No. 02 de mayo de 2021 el INEI da cuenta de que al primer trimestre del año en curso la economía peruana registró un  crecimiento de 3,8 % interanual o sea, respecto a igual período de 2020.

 

Eso se expresa en un volumen del PIB en valor de 130 073 mil millones de soles con año base de 2007 (INEI, 2021), que si bien es mejor en comparación con igual periodo de 2020 (la economía cayó -5,0% por la pandemia y produjo 172 846 millones de soles con año base de 2007) (INEI, 2020), no supera el nivel del último trimestre pre pandémico, o sea el cuarto trimestre de 2019, cuando la economía avanzó 1,8 %, pero produjo 141 054 millones de soles con el mismo año base) (INEI, 2019). Una lectura realista de esos datos refiere una respuesta positiva de la economía peruana, pero no al punto de haber  recuperado el nivel de la actividad económica de pre pandemia.

 

Al segundo trimestre del año en curso (abril-junio) en el informe técnico del INEI de agosto, se dice que  “el Producto Bruto Interno a precios constantes de 2007, registró un crecimiento de 41,9%, explicado por el dinamismo de la demanda interna que aumentó en 44,8% sustentada principalmente el incremento del consumo de las familias  (30,7%) y de la inversión bruta fija (157,1%)” (INEI, 2021 a).  Ahora bien, en términos de los valores producidos el PIB del segundo trimestre de 2021 es de 40 179 millones de soles a precios constantes de 2007 (INEI, 2021 a) y el valor del PIB del mismo período de 2019 fue de 90 689 millones de soles (INEI, 2019).

 

Esto también debe ser de conocimiento del pueblo peruano a la hora de evaluar las expectativas que  obviamente genera un gobierno de izquierda.

 

Si bien ningún presidente puede esperar a disponer de las condiciones externas e internas que mejor le permitan  gobernar, sino que tiene que hacerlo en el contexto que tiene delante, sí es pertinente que se comprenda bien que el presidente Castillo gobernará en un contexto económico internacional y nacional muy adverso, y eso puede hacerle más difícil alcanzar logros que el pueblo espera, y que en otro momento fueron menos difíciles de alcanzar para otros países de la región en los que también el progresismo y la izquierda accedieron al gobierno.

 

Bibliografía

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INEI, 2020. Instituto Nacional de Estadísticas e Informática. Producto Interno Bruto Trimestral. Cuentas Nacionales. Año base 2007. Informe Técnico No. 02. Comportamiento de la Economía Peruana al Primer Trimestre de 2020. Lima. Mayo, 2020. Disponible en www.inei.gov.pe.

 

INEI, 2021. Instituto Nacional de Estadísticas e Informática. Producto Interno Bruto Trimestral. Cuentas Nacionales. Año base 2007. Informe Técnico No. 02. Comportamiento de la Economía Peruana al Primer Trimestre de 2021. Lima. Mayo, 2021. Disponible en www.inei.gov.pe.

 

INEI, 2021 a. Instituto Nacional de Estadísticas e Informática. Producto Interno Bruto Trimestral. Cuentas Nacionales. Año base 2007. Informe Técnico No. 03. Lima. Agosto, 2021.

 

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Ouviña,  2020. Hernán Darío Ouviña.  El Estado y la reactivación del Ciclo de Impugnación al Neoliberalismo en América Latina (2019-2020), en Bautista, Carolina 2021. Estados Alterados: reconfiguraciones estatales, luchas políticas y crisis orgánica en tiempos de pandemia. Compilación de Carolina Bautista, Anahí Durand y Hernán Darío Ouviña. – 1a edición – Lanús: Hernán Darío Ouviña; Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; Muchos Mundos Ediciones; Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe-IEALC, 2020. Libro digital, PDF Archivo Digital: descarga y online ISBN 978-987-86-8011-8.

 

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Pérez, 2021. Cálculos del autor sobre la base del Balance Preliminar de las Economías de américa Latina y el Caribe de Cepal de 2020.

 

Pérez, 2021 a. Cálculos del autor sobre la base de PAHO. Covid 19. Region of the Americas Update. Washington D.C. 31 August, 2021.

 

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[1] Derrota electoral de la candidatura de Daniel Scioli (Frente para la Victoria) en Argentina en noviembre de 2015 que daría continuidad al ciclo kirchnerista y triunfo de Mauricio Macri. Triunfo de la oposición en las elecciones legislativas en Venezuela en diciembre de 2015,  que le dio mayoría a la contrarrevolución en la Asamblea Nacional de ese país y emprendió acciones hostiles y desestabilizadoras contra la revolución bolivariana. Maniobras de la derecha en el Congreso brasileño contra el PT, en especial contra el expresidente Luis Inacio Lula da Silva y  la presidenta legítima Dilma Russef que dieron lugar al empichment contra la mandataria en 2016, un proceso político de deslegitimación de Lula que lo llevó -injustamente- a la cárcel poco después, allanaron el camino entre mediados de 2016 y 2019 a un torpe neoliberal como Michel Temer y le abrieron la senda a la presidencia a un inepto presidente Jair Bolsonaro. En noviembre de 2019 tiene lugar el golpe de Estado contra el presidente Evo Morales Ayma y en abril de 2021 pierde las elecciones en Ecuador el candidato Andrés Arauz quien pretendía dar continuidad a los aspectos básicos de la Revolución Ciudadana encabezada por el ex presidente Rafael Correa Delgado.

[2] He impartido conferencias, docencia como profesor invitado y he  expuesto ponencias en eventos internacionales de Ciencias Sociales y Humanísticas en Cuba obviamente, en Colombia, Venezuela, México, Honduras, El Salvador, Brasil, Argentina, Dinamarca, Suecia, Noruega y  Estados Unidos de América.

 

[3] Centro de Investigaciones sobre la Economía Mundial.

 

[4] Venezuela, Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, El Salvador, México, San Vicente y las Granadinas, Antigua y Barbuda y Dominica (las tres últimas islas del Caribe Oriental).

[5] Dependencia financiera (Banco Mundial, FMI); dependencia monetaria (dólar estadounidense); financiamiento externo (Inversión Extranjera); endeudamiento externo, hegemonía mediática y bases militares extranjeras estadounidenses.

[6] No existe al día de hoy ninguna experiencia de gobierno comunista en el mundo. El país que más “cerca” pareció estar encaminado a esta meta,  o sea, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (la extinta URSS) avanzó en la construcción del socialismo  e implosionó en 1991.

[7] Si bien hasta hoy la muerte del presidente Hugo Chávez por cáncer inducido mediante técnicas biotecnológicas y Nanotecnología es una hipótesis, hay muchos elementos que la hacen creible. Recuérdese que al momento de la muerte de Chávez, padecieron distintas modalidades cancerosas varios líderes de gobiernos progresistas y de izquierda en Latinoamérica (Cristina Fernández, Luis Inacio Lula, el padre Lugo presidente de Paraguay y Hugo Chávez, pero sólo uno de ellos, el que representaba la espina atravesada en la garganta del imperio murió. ¿Será casual esto?.

[8] Uno de los objetivos claves -probablemente el principal objetivo- del gobierno de Velazco Alvarado fue promover a superiores niveles de vida, compatibles con la dignidad de la persona humana, a los sectores menos favorecidos de la población, realizando la transformación de las estructuras económicas, sociales y culturales del país. A esos efectos aplicó sugerentes reformas económicas y sociales que rescataban la soberanía peruana y mejoraban el nivel de vida del pueblo. Una expresión del liberalismo nacionalista burgués de ese período lo fueron la reforma agraria, la reforma industrial y el Plan Pian Inca (1974).

[9] En octubre de 2020 los precios de los productos básicos se encontraban 5 % por encima del nivel de diciembre de 2019 en el caso de los productos agropecuarios, un 10% por encima en los metales industriales y un 30% por encima en los metales preciosos. No así los energéticos que estaban 33 % por debajo del nivel que tenían en diciembre de 2019. Las perspectivas para los precios de los productos básicos en 2021 son inciertas. Las proyecciones de octubre del FMI apuntan, en promedio, a un aumento del 9% de los precios de los productos básicos: un 4% en los productos agroalimentarios, un 3% en los metales básicos y un 16% en los productos energéticos  (Cepal, 2020).

 

 

 

 

 

 

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