𝗣𝗥𝗘𝗦𝗜𝗗𝗘𝗡𝗧𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗘𝗠𝗣𝗥𝗘𝗦𝗔𝗥𝗜𝗢𝗦

𝗣𝗥𝗘𝗦𝗜𝗗𝗘𝗡𝗧𝗘 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗘𝗠𝗣𝗥𝗘𝗦𝗔𝗥𝗜𝗢𝗦

Doce Ángulos

 

Luis M. Sánchez

La conferencia anual de empresarios, conocida como CADE Ejecutivos, se realiza desde 1961. A ella asisten casi todos los presidentes. En 1972 concurrió también Juan Velasco para exponer el programa industrial de la revolución. Fue la única vez en que un presidente llegó con propuestas. Casi siempre concurren para recibir directrices.

Eso ha pasado también en el último CADE en cuya clausura virtual el presidente habló de la “confianza”, la “transparencia”, “el orden”, “la seguridad”, y otras novedades de la retórica de turno.

Sagasti ya no citó a Vallejo sino a Gonzáles Prada, llamando a romper el infame pacto de hablar a media voz. Pero si ese pacto hay que romperlo Sagasti debería empezar explicando por qué endeudar al país por 100 años, repitiendo historias infames como las del Contrato Grace del siglo XIX.

¿Y por qué permitir que una minera canadiense se instale en Tambogrande a menos de 50 km de la frontera, contra la Constitución, y en una zona de excelente producción ecológica de limón y otros cultivos?

¿Y cómo es que la población vulnerable no termina de recibir un segundo corona-bono, mientras otros países ya están en el 7mo? ¿O por qué burlarse de la ley 31091 que señala que las vacunas SARS deben distribuirse en forma gratuita y universal en los establecimientos públicos, y abrir la puerta -Decreto Supremo 002-2021-SA mediante- para que los establecimientos privados vendan la vacuna?

Y si el pacto infame hay que sepultarlo ¿cómo es que varios funcionarios importantes de Sagasti, empezando con la primera ministra, tienen o tuvieron vínculos con agencias norteamericanas como USAID, que siguen presentes en programas del Estado como si no hubiera conflicto de intereses?

Sagasti sigue el modelo de sumisión transnacional de sus antecesores. Sus modales albergaban – para algunos de nosotros- la posibilidad de rumbos propios. Pero va quedando claro que Sagasti no trae nada nuevo. La misma carencia de ideas y falta de autonomía.

Otra prueba más de que la tecnocracia adiestrada en planteles extranjeros no tiene realmente nada para ofrecer a los peruanos. Por eso la presencia de Sagasti en el CADE virtual ha sido tan monótona como sumisa.

 

Habría que preguntarse si el presidente concurriría con el mismo entusiasmo al congreso anual de los trabajadores que organice, por ejemplo, una CGTP, mejor liderada.  O si iría al congreso de micro, pequeños, medianos empresarios del campo y la ciudad, que son el verdadero sostén del empleo en el país.

 

Para Lima, los empresarios son solo los grandes empresarios. Ellos son el CADE, que es el gran encuentro anual de lobistas de alto vuelo girando entre las empresas y los ministerios. La continuación de la oligarquía por otros medios, en connivencia llana con el presidente.

 

En el año del bicentenario todo esto debería rehacerse. El estado debe dar el mismo trato a todos los sectores. Los trabajadores deben ser recibidos en palacio y apoyados para actuar como gremio nacional. Los emprendedores deben sentarse en la mesa con los ministros para concertar políticas de producción y empleo. El presidente debe gobernar para todos.

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