SENTENCIA CONTRA A TUPAC AMARU Y SU PANAKA

SENTENCIA CONTRA A TUPAC AMARU Y SU PANAKA

SENTENCIA PRONUNCIADA EN EL CUZCO POR EL VISITADOR D. JOSE ANTONIO DE ARECHE, CONTRA JOSE GABRIEL TUPACAMARO, SU MUGER, HIJOS, Y DEMAS REOS PRINCIPALES DE LA SUBLEVACION

 

En la causa criminal que ante mí pende, y se ha seguido de oficio de la Real Justicia contra José Gabriel Tupac-Amaro, cacique del pueblo de Tungasuca, en la provincia de Tinta, por el horrendo crímen de rebelion ó alzamiento general de los indios, mestizos y otras castas, pensado mas há de cinco años, y egecutado en casi todos los territorios de este vireinato y el de Buenos Aires, con la idea (de que está convencido) de quererse coronar Señor de ellos, y libertador de las que llamaba miserias de estas clases de habitantes que logró seducir, á la cual dió principio con ahorcar á su corregidor D. Antonio de Arriaga.

 

Observados los testimonios de las leyes en que ha hecho de acusador fiscal, el Dr. D. José de Saldivar y Saavedra, abogado de la Real Audiencia de Lima; y de defensor, el Dr. Miguel de Iturrizarra, también abogado de la propia Audiencia: vistos los a u t o s y lo que de ellos resulta – FALLO, atento á su mérito, y á que el reo ha intentado la fuga del calabozo en que se halla, por dos ocasiones, como consta de fojas 188 á fojas 194 vuelta, y de fojas 231 á fojas 235: é igualmente á lo interesante que es al público y á todo este reino del Perú, para la mas pronta tranquilidad de las provincias sublevadas por él, la noticia de la egecucion de la sentencia y su muerte, evitando con ella las varias ideas que se han extendido entre casi toda la nacion de los indios, llenos de supersticiones, que los inclinan á creer la imposibilidad de que se le imponga pena capital por lo elevado de su carácter, creyéndole del tronco principal de los Incas, como se ha titulado, y por eso dueño absoluto y natural de estos dominios y su vasallage: poniéndome tambien á la vista la naturaleza, condicion, bajas costumbres y  educacion de estos mismos indios, y las de las otras castas de la plebe, las cuales han contribuido mucho á la mayor facilidad en la egecucion de las depravadas intenciones del dicho reo José Gabriel Tupac-Amaro, teniéndolos alucinados, sumisos, prontos y obedientes á cualquiera órden suya; habiendo llegado los primeros hasta resistir el vigoroso fuego de nuestras armas contra su natural pavor, y les ha hecho manifestar un odio implacable á todo europeo ó á toda cara blanca, ó pucacuncas, como ellos se explican, haciéndose autores él y estos de innumerables estragos, insultos, horrores, robos, muertes, estupros, violencias inauditas, profanacion de iglesias, vilipendio de sus ministros, escarnio de las mas tremendas armas suyas, cual es, la excomunion: contemplándose inmunes ó exentos de ellas, por asegurárselo así, con otras malditas inspiraciones, el que llamaban su Inca; quien, al mismo tiempo que publicaba, en las innumerables convocatorias, bandos y órdenes suyos, (de que hay bastantes originales en estos autos ) que no iban contra la iglesia, la privaba, como vá dicho, de sus mayores fuerzas y potestad, haciéndose legislador con sus mas sagrado sarcanos y ministerios: cuyo sistema seguia del propio modo c ontra su legitimo Soberano, contra el mas augusto, mas benigno, mas recto, mas venerable y amable de cuantos monarcas han ocupado hasta ahora el trono de España y de las Américas; privando á una y á otra alta potestad de sus mas particulares prerrogativas y poder: pues ponia en las doctrinas curas, se recibía en las iglesias bajo de palio , nombraba justicias mayores en las provincias, quitaba los repartimentos ó comercio permitido por tarifa á sus jueces, levantaba las obvenciones eclesiásticas, extinguia las aduanas reales y otros derechos que llamaba injustos: abria y quemaba los obrages, aboliendo las gracias de mitas, que conceden las leyes municipales á sus respectivos destinos: mandaba embargar los bienes de los particulares habitantes de ellas, y no contento con esto queria egecutar lo mismo, tomando los caudales de las arcas reales: imponia pena de la vida á los que no le obedecian: plantaba ó formaba horcas á este fin en todos los pueblos egecutando muchas: se hacia pagar tributos: sublevaba con este miedo y sus diabólicas ofertas las poblaciones y provincias, substrayendo á sus moradores de la obediencia justa de su legítimo y verdadero Señor -aquel que está puesto por Dios mismo para que las mande en calidad de soberano: hasta dejar pasar en sus tropas la inicua ilusion de que resucitaria, despues de coronado, á los que muriesen en sus combates: teniendo, ó  haciéndoles creer que era justa la causa que defendia, tanto por su libertador, como por el único descendiente del tronco principal de los Incas: mandando fundir cañones, como fundió muchos, para oponerse á la autoridad del Rey, y sus poderosas y triunfantes armas, reduciendo las campanas de las iglesias, y cobre que robó á este uso.

 

 

Asignaba el lugar de su palacio, y el método de su legislacion para cuando fuese gefe universal de esta tierra, y queria hacer patente su jura á toda su nacion, atribuyéndose dictados reales, como lo comprueba el papel borrador de fojas 139, que se encontró en su mismo vestido, que lo convence. Se hizo pintar y retratar en prueba de estos designios torpes, con insignias reales de unco, mascapaicha y otras, poniendo por trofeos el triunfo que se atribuia haber conseguido en el pueblo de Sangarara, representando los muertos y heridos con las llamas que abrasaron la iglesia de él, y la libertad que dió á los que se hallaban presos en sus cárceles: y últimamente, desde el principio de su traicion mandó, y mandaba como Rey, bajo el frívolo y falso pretesto de ser descendiente legítimo y único, segun vá indicado, de la sangre real de los emperadores gentiles, y con especialidad del Inca Felipe Tupac-Amaro, cuya declaracion se usurpó desde luego sin facultad; pues el tribunal de la Real Audiencia de Lima, donde pendía esta causa, no le habia declarado ningún derecho á esta descendencia, antes por el contrario habia fundamentos bien seguros para denegársela, cuyas presunciones de entroncamiento, no obstante de hallarse en este tan dudoso estado, han hecho tal impresion en los indios, que llevados de esta, le hablaban y escribian en medio de su rudeza, con la mayor sumision y respeto, tratándole á veces de Señoría, Excelencia, Alteza y Magestad, viniendo de varias provincias á rendirle la propia obediencia y vasallage: faltando en esto á las obligaciones tan estrechas de fidelidad y religion que tiene él y todo vasallo con su rey natural: prueba clara, evidente y dolorosa del extraviado espíritu con que se gobierna esta infeliz clase, y también de cuan poco conoce la subordinacion y acatamiento debido á la legítima potestad de nuestro adorable Soberano; dejándose persuadir maliciosamente de los ofrecimientos de este traidor ingrato, y mal vasallo suyo, de quien, y de su Real Audiencia de Lima, de su Exmo. Sr. Virey y de mí, fingía que tenia órdenes para ejecutar lo que tan bárbaramente ejecutaba, y debió no creer lícito el mas idiota: fuera de que en cuanto á sus ofertas, no podían ignorar los indios que los repartimientos ó enunciado comercio de Tarija, permitido á sus jueces territoriales, se iba á quitar tan en breve como lo ha señalado la experiencia, constándoles así esto, como que nuestro respetable Soberano deseaba y procuraba, segun ha deseado y procurado siempre, su alivio.

 

 

Tambien sabian que las obvenciones no las pagan ni han pagado, sino por su propia voluntad, libre y espontánea, apeteciéndolo y anhelándolo mucho de ellos mismos, por los entierros de pompa, y uso de los demas sagrados sacramentos, con la ostentacion que les ocasiona crecidos gastos: pues á sus respectivos doctrineros ó curas, se les satisface el correspondiente sínodo, sin que tengan estos derechos o acción á emolumentos ú obvenciones. Tampoco ha debido ignorar este insurgente, y sus malvados secuaces, para unírsele por sus promesas, que, conforme á la ley del reino, estan exentos de alcabala, segun se observa escrupulosamente en lo que es de su crianza, labranza propia, é industria de estas: pero de suerte, que para este beneficio Y liberalidad no lo conviertan, como lo suelen convertir, en agravio de nuestro Rey y Señor, sirviendo ellos mismos de defraudadores del derecho de alcabala, llevando en su cabeza ó á su nombre, con guias supuestas, á las ciudades ó pueblos de consumo y comercio, lo que no es suyo y no les pertenece, siendo de otros no exentos: contraviniendo en esto á todas las leyes de cristianos, de vasallos, y hombres de bien ó de verdad, justicia y rectitud. A cuyo fin,

 

 

Y para que cumplan con estas cualidades y aquellas soberanas decisiones, se ha procurado siempre que dichas guias se examinen Y vean con cuidado, y las saquen, las lleven, y se las den, sin costo ni detencion alguna, los ministros  recaudadores de este real derecho, Y celadores de tales fraudes que ha cometido y comete con repetición esta clase de privilegiados, cuyo celo justo y diligencia debida llama este traidor escandalosamente opresion y gravámen, sin conocer que son los indios quienes le han formado, si es lo que es, y no se mira á que de otro modo estan aventurados los caudales, ó sagradas rentas del Estado. Sabiendo igualmente él y los de su mal educada nacion, que ningunas otras pensiones reales pagan, y aun cuando las pagáran, la religion y el vasallage les dicta, enseña y demuestra el cumplimiento de lo mandado en este punto por los legítimos superiores, atendiendo á que estos no anhelan á otra cosa, que á subirlos á su mayor y mas completa felicidad, y que estos derechos son precisos é indispensables para la defensa de nuestra amada y venerada Santa Iglesia Católica, para amparo de ellos, y de los otros, sus con vasallos, manteniéndolos en justicia, ó para defenderlos contra toda potestad enemiga, ó cualesquiera persona que les insulte ó insultase, perjudique ó perjudicase en sus vidas, en sus bienes, en sus haciendas, en su honra, y en su quietud ó sosiego.

 

 

Considerando, pues, á todo esto, y á las libertades con que convidó este vil insurgente á los indios y demas castas, para que se les uniesen, hasta ofrecer á los esclavos la de su esclavitud; y reflexionando juntamente el infeliz y miserable estado en que quedan estas provincias que alteró, y con dificultad subsanarán, ó se restablecerán en muchos años de los perjuicios causados en ellas por el referido José Gabriel Tupac Amaro, con las detestables máximas esparcidas, y adoptadas en los de su nacion y sócios ó confederados á tan horrendo fin; y mirando tambien á los remedios que exige de pronto la quietud de estos territorios, el castigo de los culpables, la justa subordinacion á Dios, al Rey y á sus Ministros, debo condenar, y condeno á José Gabriel Tupac-Amaro, á que sea sacado á la plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrado hasta el lugar del suplicio, donde presencie la ejecucion de las sentencias que se dieren á su mujer Micaela Bastidas, sus dos hijos Hipólito y Fernando Tupac-Amaro, á su tio Francisco TupacAmaro, á su cuñado Antonio Bastidas, y algunos de los principales capitanes y auxiliadores de su inicua y perversa intencion ó proyecto, los cuales han de morir en el propio dia; y concluidas estas sentencias, se le cortará por el verdugo la lengua, y despues amarrado ó atado por cada uno de los brazos y pies con cuerdas fuertes, y de modo que cada una de estas se pueda atar, ó prender con facilidad á otras que prendan de las cinchas de cuatro caballos; para que, puesto de este modo, ó de suerte que cada uno de estos tire de su lado, mirando á otras cuatro esquinas, ó puntas de la plaza, marchen, partan ó arranquen á una voz los caballos, de forma que quede dividido su cuerpo en otras tantas partes, llevándos e este, luego que sea hora al cerro ó altura llamada de Picchu, á donde tuvo el atrevimiento de venir a intimidar, sitiar y pedir que se le rindiese esta ciudad, para que alli se queme en una hoguera que estará preparada, echando sus cenizas al aire, y en cuyo lugar se pondrá una lápida de piedra que exprese sus principales delitos y muerte, para sola memoria y escarmiento de su execrable accion.

 

 

Su cabeza se remitirá al pueblo de Tinta, para que, estando tres días en la horca, se ponga despues en un palo á la entrada mas pública de él: uno de los brazos al de Tungasuca, en donde fué cacique, para lo mismo, y el otro para que se ponga y egecute lo propio en la capital de la provincia de Carabaya: enviandose igualmente, Y para que se observe la referida demostracion, una pierna al pueblo de Livitaca en la de Chumbivilcas, y la restante al de Santa Rosa en la de Lampa, con testimonio y órden á los respectivos corregidores, ó justicias territoriales, para que publiquen esta sentencia con la mayor solemnidad por bando, luego que llegue á sus manos, y en otro igual dia todos los años subsiguientes: de que darán aviso instruido á los superiores gobiernos, á quienes reconozcan dichos territorios.

 

 

Que las casas de este sean arrasadas ó batidas, y saladas á vista de todos los vecinos del pueblo ó pueblos donde las tuviere, ó existan. Que se confisquen todos sus bienes, á cuyo fin se dá la correspondiente comision á los jueces provinciales. Que todos los individuos de su familia, que hasta ahora no hayan venido, ni vinieren á poder de nuestras armas, y de la justicia que suspira por ellos para castigarlos con iguales rigorosas y afrentosas penas, queden infames é inhábiles para adquirir, poseer ú obtener de cualquier modo herencia alguna ó sucesion, si en algun tiempo quisiesen, ó hubiese quienes pretendan derecho á ella.

 

 

Que se recojan los autos seguidos sobre su descendencia en la expresada Real Audiencia, quemándose públicamente por el verdugo en la plaza pública de Lima, para que no quede memoria de tales documentos: Y de los que solo hubiese en ellos testimonio, se reconocerá y averiguará adonde paran sus originales, dentro del término que se asigne, para la propia ejecucion.

 

 

Y por lo que mira á la ilusa nacion de los indios, se consultará á S. M. lo oportuno, con el fin de que, si ahora ó en algun tiempo quisiese alguno de estos pretender nobleza, y descendencia igual ó semejante, de los antiguos reyes de su gentilidad, sea, con otras cosas que se le consultarán, reservado este permiso y conocimento á su Real Persona con inhibicion absoluta, y bajo de las mas graves y rigorosas penas á cualquiera juez ó tribunal que contraviniese á esto, recibiendo semejantes informaciones, y que las recibidas hasta ahora sean de ningun valor ni efecto hasta que el Rey las confirme, por ser esta resolucion muy conforme á estorbar lo que se lée á fojas 34, vuelta, de estos autos, reservando del propio modo á su soberana determinacion lo conveniente que es y será, atendidas las razones que van indicadas, y á que este traidor logró armarse, formar ejército y fuerza contra sus reales armas, valiéndose ó seduciendo y ganando con sus falsedades á los caciques, ó segundas personas de ellos, en las poblaciones, el que estas, siendo de indios, no se gobiernen por tales caciques, sino que las dirijan los alcaldes electivos anuales que voten ó nombren estas: cuidando las mismas comunidades electoras, y los corregidores preferir á los que sepan la lengua castellana, y á los de mejor conducta, fama y costumbres para que traten bien y con amor á sus subditos, y dispensando cuando mas, y por ahora, que lo sean aquellos que han manifestado justamente su inclinacion y fidelidad, anhelo, respeto y obediencia, por la mayor gloria, sumision y gratitud á nuestro gran Monarca, exponiendo sus vidas, bienes ó haciendas, en defensa de la patria ó de la religion, oyendo con bizarro desprecio las amenazas y ofrecimientos de dicho rebelde principal, y sus gefes militares; pero advirtiendo de que estos únicamente se podrán llamar caciques, ó gobernadores de sus ayllos ó pueblos, sin trascender á sus hijos, ó resto de la generacion tal cargo.

 

 

Al propio fin se prohibe que usen los indios los trages de la gentilidad, y especialmente los de la nobleza de ella, que solo sirven de representarles, los que· usaban sus antiguos Incas, recordándoles memorias que nada otra cosa influyen, que en conciliarles mas y mas odio á la nacion dominante; fuera de ser su aspecto ridículo, y poco conforme á la pureza de nuestra religion, pues colocan en varias partes de él al Sol, que fué su primera deidad: extendiéndose esta resolucion á todas las provincias de esta América Meridional, dejando del todo extinguidos tales trages, tanto los que directamente representan las vestiduras de sus gentiles reyes con sus insignias, cuales son el unco, que es una especie de camiseta; yacollas, que son unas mantas muy ricas de terciopelo negro ó tafetan; mascapaycha, que es un círculo á manera de corona, de que hacen descender cierta insignia de nobleza antigua, significada en una mota ó borla de lana de alpaca colorada, y cualesquiera otros de esta especie ó significacion.

 

 

Lo cual se publicará por bando en cada provincia, para que deshagan ó entreguen á sus corregidores cuantas vestiduras hubiese en ellas de esta clase, como igualmente todas las pinturas ó retratos de sus Incas, en que abundan con extremo las casas de los indios que se tienen por nobles, para sostener ó jactarse de su descendencia. Las cuales se borarrán indefectiblemente, como que no merecen la dignidad de estar pintados en tales sitios, y á tales fines, borrándose igualmente, ó de modo que no quede señal, si hubiese algunos retratos de estos en las paredes ú otras partes de firme, en las iglesias, monasterios, hospitales, lugares pios ó casas particulares, pasándose los correspondientes oficios á los Reverendos Arzobispos, y Obispos de ambos vireinatos, por lo que hace á las primeras: sustituyéndose mejor semejantes adornos por el del Rey, y nuestros otros Soberanos Católicos, en el caso de necesitarse.

 

 

Tambien celarán los Ministros corregidores, que no se representen en ningun pueblo de sus respectivas provincias comedias, ú otras funciones públicas, de las que suelen usar los indios para memoria de sus dichos antiguos Incas; y de haberlo ejecutado, darán cuenta certificada á las secretarías de los respectivos gobiernos. Del propio modo, se prohíben y quitan las trompetas ó clarines que usan los indios en sus funciones, á las que llaman pututos, y son unos caracoles marinos de un sonido extraño y lúgubre, con que anuncian el duelo, y lamentable memoria que hacen de su antigüedad; y tambien el que usen Y traigan vestidos negros en señal de luto, que arrastran en algunas provincias, como recuerdos de sus difuntos monarcas, y del dia ó tiempo de la conquista, que ellos tienen por fatal, y nosotros por feliz, pues se unieron al gremio de la Iglesia Católica, Y á la amabilísima y dulcísima dominacion de nuestros Reyes. Con el mismo objeto, se prohibe absolutamente el que los indios se firmen Incas, como que es un dictado que le toma cualquiera, pero que hace infinita impresion en los de su clase: mandándose, como se manda, a todos los que tengan árboles genealógicos, ó documentos que prueben en alguna manera sus descendencias con ellos, el que lo manifiesten ó remitan certificados, y debalde por el correo, á las respectivas secretarías de ambos vireinatos, para que allí se reconoscan sus solemnidades por las personas que diputen los Exmos. SS. Vireyes, consultando á S. M. lo oportuno, según sus casos: sobre cuyo cumplimiento estén los corregidores muy á la mira, solicitando ó averiguando quien no lo observa, con el fin de hacerlo egecutar, ó recogerlos para remitirlos, dejándoles un resguardo.

 

 

Y para que estos indios se despeguen del odio que han concebido contra los españoles, y sigan los trages que les señalan las leyes, se vistan de nuestras costumbres españolas, y hablen la lengua castellana, se introducirá con mas vigor que hasta aquí el uso de sus escuelas bajo las penas mas rigorosas y justas contra los que no las usen, despues de pasado algun tiempo en que la puedan haber aprendido: pasándose con esta propia idea oficios de ruego y encargo á los muy Reverendos Prelados eclesiásticos, para que en las oposiciones de curatos ó doctrinas, atiendan muy particularmente á los opositores que traigan certificaciones de los jueces provinciales, del mayor número de feligreses que hablen en ellas dicha lengua castellana, poniendo en las ternas que remitan á los Señores Vice-Patronos, esta circunstancia respectiva á cada uno de los propuestos: dándose, para hablarla perfectamente, ó de modo que se expliquen en todos sus asuntos, el término de cuatro años, y que los Señores Obispos y Corregidores den cuenta en cada uno de estos al respectivo Superior Gobierno, quedando al soberano arbítrio de S. M. el premiar y distinguir á aquellos pueblos cuyos vasallos hubiesen correspondido a las circunstancias presentesá la justa lealtad y fidelidad que les es debida.

 

 

Finalmente queda prohibida, en obsequio de dichas cautelas, la fábrica de cañones de toda especie, bajo la pena, á los fabricantes nobles, de diez años de presidio en cualesquiera de los de Africa, y siendo plebeyos 200 azotes: y la misma pena por el propio tiempo, reservando por ahora tomar igual resolucion, en cuanto á la fábrica de pólvora que seguirá luego. Y porque hay en muchas haciendas, trapiches y obrages de estas provincias, variedad de ellos de casi todos los calibres, se recogerán por los Corregidores, acabada íntegramente la pacifícacion de este alzamiento, para dar cuenta á la respectiva Capitanía General, con el fin de que se les dé el uso que paresca propio.

 

 

Así lo proveí, mandé y firmé, por esta mi sentencia definitivamente juzgando.

 

JOSE ANTONIO DE ARECHE.

 

 

Dió y pronunció la anterior sentencia, el muy Ilustre Sr. D. José Antonio de Areche, Caballero de la real y distinguida órden española de Carlos III, del Consejo de S.M. , en el Real y Supremo de Indias, Visitador General de los tribunales de justicia, y real hacienda de este reino,

 

 

Superintendente de ella, Intendente de ejército, Subdelegado de la real renta de tabacos, Comisionado con todas las facultades del Exmo. Virey de este Reyno, para entender en los asuntos de la rebelíon, egecutada por el vil traidor Tupac-Amaro. En el Cuzco, á 15 de Mayo de 1781: – siendo testigos, D. Fernando Saávedra, Contador de visita, D. Juan de Oyarzabal y José Sacin, de que certifico, Manuel Espinavete Lopez.

 

 

Asimismo certifico, que por Juan Bautista Gamarra, Escribano de S. M., público y de Cabildo de esta ciudad, se <lió un testimonio, que agregado á los autos que corresponde, dice así:- Yo Juan Bautista Gamarra, Escribano de S. M., público y de Cabildo de esta ciudad del Cuzco, certifico, doy fé y verdadero testimonio á los Sres. que el presente vieren, como hoy dia viernes que se cuentan 18 de Mayo, y año corriente de 1781; se egecutó lo mandado en la sentencia antecedente con José Gabriel Tupac-Amaro, sacándolo á la plaza principal y pública de esta ciudad, arrastrándole hasta el lugar del suplicio un caballo, donde presenció la egecucion de las sentencias que se dieron á Micaela Bastidas, muger de dicho Tupac-Amaro,

 

 

á sus dos hijos Hipólito y Fernando Tupac-Amaro, á su cuñado Antonio Bastidas, á su tío Francisco Tupac-Amaro, y á los demas principales de su inicua y perversa tropa. Y habiéndose concluido por los verdugos las sentencias con todos los reos, en este estado, uno de los citados verdugos le cortó la lengua al dicho José Gabriel Tupac-Amaro, y después le amarraron por cada uno de los brazos y piernas con unas cuerdas fuertes, de modo que estas se ataron á las cinchas de cuatro caballos, que estaban con sus ginetes, mirando las cuatro esquinas de la plaza mayor: y habiendo hecho la seña de que tirasen, dividieron en cuatro partes el cuerpo de dicho traidor, 1 destinándose la cabeza al pueblo de Tinta, un brazo al de Tungasuca, otro á la capital de la provincia de Carabaya: un pierna al pueblo de Livitaca en la de Chumbivilcas, y otra al de Santa Rosa en la de Lampa; y el resto de su cuerpo al cerro de Picchu por donde quiso entrar á esta ciudad; y en donde estaba prevenida una hoguera, en la que lo echaron juntamente con el de su muger, hasta que convertidos en cenizas se esparcieron por el aire.

 

 

Lo que se egecutó á presencia del sargento José Calderon, y un piquete de soldados que fueron guardando los dichos cuerpos muertos. Y para que de ello conste donde convenga, doy el presente mandato judicial, en dicho dia, mes y año.

 

 

En testimonio de verdad – Juan Bautista Gamarra.

 

 

Escribano de S. M. público y de Cabildo.

 

 

Asi consta de dicho testimonio á que me remito. Cuzco Y Mayo 20, de 1781.

 

 

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