SESQUICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA

SESQUICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA

Discurso de Velasco Alvarado el 28 de julio de 1971

Publicado en el Diario UNO,

 

SESQUICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ: Discurso de Velasco Alvarado el 28 de julio de 1971

 

El 3 de octubre de 1968, el país fue testigo de otro golpe de Estado. Ahora, era el General Juan Velasco Alvarado quien asumía la Presidencia del Perú en forma violenta. Aunque, el gobierno del arquitecto Fernando Belaunde Terry era repudiado por la gran mayoría de peruanos que fueron testigos del llamado Escándalo de la Pagina 11. Así, el golpe de Estado gozó del aplauso de diversos sectores de la sociedad peruana. El nuevo gobierno militar, cosechó mayor simpatía cuando, el 9 de octubre de 1968, la International Petroleum Company (IPC) fue expulsada de nuestro territorio y se produjo la nacionalización del petróleo. La prensa de la época bautizó esa jornada como Día de la Dignidad Nacional. Y, el 24 de junio de 1969, la Ley de Reforma Agraria, terminó de transformar el Perú al eliminar la hacienda y a la oligarquía. Dejamos de ser un país semifeudal para siempre. Entramos a lo era del capitalismo mundial.

Para celebrar el Sesquicentenario de la Independencia del Perú, el gobierno militar creo distintas comisiones. Una de las más activas fue la denominada Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, que fue presidida por el General Juan Mendoza Rodríguez. Integrada por intelectuales como: Guillermo Lohmann Villena (Ministerio de Relaciones Exteriores); Alberto Tauro del Pino (CONUP); Luis Ulloa (Confederación de Instituciones Profesionales, Universitarias y Liberales del Perú); Armando Nieto Vélez (Asamblea Episcopal del Perú); Aurelio Miró-Quesada Sosa (Academia Nacional de Historia); Ella Dunbar Temple (Sociedad Peruana de Historia); José Agustín de la Puente Candamo (Instituto Riva-Agüero); Gustavo Pons Muzzo (Instituto Sanmartiniano del Perú); Augusto Tamayo Vargas (Sociedad Bolivariana del Perú); Félix Denegri Luna (Instituto Libertador Ramón Castilla); Estuardo Núñez (Biblioteca Nacional del Perú); Guillermo Durand Flórez (Archivo Nacional); entre otros. Una pléyade de intelectuales provenientes de diferentes universidades como San Marcos o la PUCP, quienes trabajaron arduamente en la publicación de la formidable Colección Documental de la Independencia del Perú, se puede decir que fue la primera digitalización de nuestros archivos. Todo ello dirigido por un régimen militar que algunos de sus descendientes ha tildado de comunista.

En el discurso por 28 de julio de 1971, Velasco indicó que:

Este año la celebración de nuestra independencia tiene un significado especial. Hace siglo y medio advinimos a la vida republicana, rompiendo para siempre los lazos de coloniaje que habían prevalecido durante trescientos años. Aquella gesta heroica que nos hizo libres representa un punto focal en nuestro desenvolvimiento histórico. Culminación parcial de un viejo proceso liberador hondamente enraizado en el sentir de nuestro pueblo, esa declaración de independencia, sin embargo, no fue suficiente para garantizar de manera efectiva nuestra verdadera emancipación. Rompimos, sí, las cadenas del directo vasallaje extranjero, pero no pudimos, a partir de allí, afirmar el camino de la liberación auténtica y permanente de nuestra nacionalidad
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Podemos percibir que en su discurso, Velasco tiene una mirada de la Independencia Inconclusa. Es decir, la proclamación realizada el 28 de julio de 1821 por el General José de San Martín, fue solamente un rompimiento político (formal) con la dominación del imperio español. Más, en la realidad económica, social y cultural, esa dominación se mantuvo por mucho tiempo más, incluso, se trasladó de Madrid a Londres, y luego a Washington. Pasamos de una dominación colonial hispánica a una dominación económica inglesa y estadounidense. En su discurso, Juan Velasco Alvarado hace referencia –en forma implícita- a los acontecimientos del 9 de octubre de 1968, como una manera de interpretar que la real independencia aun no se ha logrado. Además, Velasco indicó que:

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Luego de la independencia formal de 1821, la economía peruana siguió bajo el control de manos extranjeras: el guano para los ingleses; el caucho para cualquier extranjero; el petróleo para los estadounidenses; los minerales también; etc. La clase dominante se conformó con ser una simple bisagra entre los intereses económicos de las empresas extranjeras y la explotación del indígena campesino y obrero del Perú. Fueron los Kurakas del capital en el siglo XIX y XX. Actualmente lo siguen siendo. La explotación del español hacia el peruano, se convirtió en la explotación de la empresa extranjera sobre el peruano y la explotación de la clase dominante peruana sobre las grandes mayorías del Perú. Los campos de batalla en Junín y Ayacucho se regaron de la sangre de miles de campesinos y pobres del Perú, pero fueron los que poco o nada recibieron por su contribución a la Independencia. De vasallos del Rey de España pasaron a convertirse en Siervos de algún oligarca. La Independencia de 1821 no significó nada para las grandes mayorías del Perú.

Es así que Velasco sentencia:

En resumen, nuestro pueblo fue el triunfador silencioso, olvidado y anónimo, de una batalla histórica dada en su nombre y que debió beneficiarlo. Perdido el sentido más profundo de la epopeya por la libertad, el Perú fue un país a lo largo de cuya vida republicana los males de su pueblo permanecieron intocados.
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Pero, Velasco también utilizó las celebraciones del Sesquicentenario de nuestra Independencia para realizar un enfoque de continuidad-ruptura. Es decir, existió una continuidad histórica hasta cierto momento y, luego, se produce una ruptura. Ese momento histórico de continuidad-ruptura es su gobierno. Por ello, agrega que:

Ahora, al cabo de ciento cincuenta años, este sombrío pero verdadero panorama ha empezado a cambiar radicalmente. Hoy nuestro pueblo retorna al camino de su antigua tradición libertaria y, otra vez, se pone en marcha para culminar la tarea inconclusa que nos legaron los próceres de nuestra primera Independencia. Hoy los hombres de este pueblo luchamos para realizar a plenitud un gran legado histórico. Hoy estamos luchando por hacer realidad en el Perú el ideal de justicia que nuestros antepasados no pudieron conquistar cuando dieron sus vidas y su esfuerzo para hacernos libres
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Es decir, 150 años después de la “Primera Independencia”, se ha empezado a gestar una “Segunda Independencia”. La primera quedó inconclusa; por el contrario, la segunda será una “verdadera” que permitirá al país retornar al camino histórico que fue obligado a abandonar de manera violenta en 1533. Ese momento que marcará un antes y un después será el 3 de octubre de 1968. Lo asume de manera firme cuando indicó que:

La Revolución Peruana es la continuadora histórica de nuestra primera gesta libertaria. Estamos luchando no sólo para crear un ordenamiento de justicia, sino también para liberar definitivamente a nuestra patria del yugo económico del poder extranjero. Sin embargo, nuestra Revolución no representa únicamente un ideal de reivindicación económica, ni tan sólo un anhelo de justicia social. Queremos que nuestro pueblo libere todo su potencial de creación para ser el verdadero forjador de una sociedad nueva en la que todos sientan el orgullo de saberse libres, conscientes de su dignidad de hombres, seguros de ser los ciudadanos de un país que con conciencia hace su historia porque en verdad la vive. Nuestra segunda independencia debe ser una realización integral que abarque todos los ámbitos de nuestra realidad, que tenga un significado directo y verdadero para cada hombre y para cada mujer de nuestro pueblo y que torne luminosa y vivida la noción de una patria que todos sepamos sentir como la obra de nuestro propio esfuerzo, como el diario quehacer de nuestro empeño.
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De esta forma, Velasco logra encausar el proceso iniciado y liderado por él en 1968 con una continuidad histórica mayor. Y, donde el punto de inflexión se encuentra el 3 de octubre. Pero, sólo lo anuncia como el comienzo de algo mucho mayor, una gran gesta que les permitirá a las grandes mayorías de peruanos alcanzar su utopía (o paradigma para estar de moda como los posmodernos). Esa utopía que era ser verdaderamente libres y auténticos se encarnaba en la figura de Túpac Amaru, el verdadero iniciador de nuestra independencia y liberación nacional. Así, el nacimiento del Perú como Nación  sería el 4 de noviembre de 1780. Su afirmación histórica, el 3 de octubre de 1968. Mientras que, la Reforma Agraria de 1969, el momento donde el siervo se convierte en propietario. No es una utopía socialista; por el contrario, es el paradigma liberal capitalista. Hacer de cada ser humano, un propietario de su destino.

El sueño del Sesquicentenario se reafirma cuando Velasco indicó que:

Recusando la pretendida validez de los viejos y ya periclitados modelos de organización político-económica hoy aún en boga, la Revolución Peruana se enrumba hacia la construcción de una sociedad solidaria de participación plena en la cual los sectores sociales tradicionalmente marginados tengan acceso a los distintos niveles de todas las dimensiones del poder. Comprendemos muy bien que los grandes ideales libertarios y humanistas de nuestra Revolución serían por completo inalcanzables si no modificáramos de manera substancial las relaciones de poder económico en el Perú. Ningún hombre puede ser libre mientras viva explotado. De allí que la justicia sea para nosotros una dimensión esencial de la libertad. Y de allí que para nosotros la lucha por una sociedad libre sea fundamentalmente también lucha por la justicia social.
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Las celebraciones del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, celebrados en julio de 1971, fueron el momento preciso para indicar que el proceso iniciado en 1968, no forma parte de los “viejos modelos”. Vale decir: no es ni liberal ni socialista. Ni Adam Smith ni Karl Marx. Pero, en la práctica, siempre fue un proceso hacia el capitalismo. Velasco dice:

Nada de esto podríamos lograr dentro de la moral social de un individualismo egoísta y estéril que torna a los hombres enemigos de otros hombres y que exalta las formas más extremas y, en verdad, menos humanas de competencia, de rivalidad, de explotación. Pero tampoco lo podríamos lograr dentro de la moralidad social de un sistema que hunde al hombre en la más ominosa dominación de un estado monopolizador de todas las formas de poder”.

El General Juan Velasco Alvarado hizo del Sesquicentenario un momento de interpretación y crítica al proceso histórico republicano de los últimos 150 años. Logros y frustraciones. Sueños y Pesadillas. Frente al Bicentenario, ¿cuál será el balance?

AMPLIADO

Los campos de batalla en Junín y Ayacucho se regaron de la sangre de miles de campesinos y pobres del Perú, pero fueron los que poco o nada recibieron por su contribución a la Independencia. De vasallos del Rey de España pasaron a convertirse en Siervos de algún oligarca.

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